El pasado no es condena

Por: José García Sánchez

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Postigo

México sufre heridas que el tiempo no ha cerrado, por eso hacer creer que el pasado es una condena no es una buena estrategia para desactivar el voto hacia ningún lado.

Todo lo que de violento sucede en el país está sin aclarar.

En esos hechos no hay culpables, no hay castigo, no hay explicación. De ahí que sea necesario volver al pasado para que se aclaren muchas de las agresiones a los mexicanos como lo sucedido en el 68, en el jueves de Corpus, el asesinato de Colosio, de Ruiz Massieu, del Cardenal Posadas, la desaparición de los 43.

En ese lapso que ya forma parte del pasado, cientos de jóvenes fueron sacrificados en un exceso de autoridad, con una incapacidad total para el diálogo y la negociación que todavía no aprenden ni reconocen despreciar.

Volver al pasado no es un castigo para los mexicanos es una necesidad. No puede transitarse hacia el futuro ni tener conciencia del presente si el pasado es una herida abierta que lejos de sanar contagia de odio.

Son precisamente las autoridades más altas del país las que han dejado pasar el tiempo para que el pasado sea un eterno ayer. Son los que gobernaron y siguen gobernando los que alargan el pasado y lo condenan intentando cerrarlo por decreto. Matan el pasado porque quien recurre a él puede morir.

El pasado tiene cuentas pendientes con los mexicanos. Los responsables son los gobernantes de hoy y de ayer que tienen un mismo objetivo, sus propósitos son similares y sus intereses iguales.

Por ello habitar el tiempo no es sólo pensar en  el futuro sino investigar en el pasado para que no caiga en el olvido lo que está pendiente ni coquetee con el perdón lo que nos obligan a no recordar.

Al pasado quieren convertirlo en una especie de insulto. Es una agresión, para los legos en historia y una vergüenza para quienes toman el poder por asalto. A pesar de que en el pasado reside la historia quieren borrarlo con el pretexto de que el futuro siempre significa progreso y desarrollo, bienestar y confort, como si la realidad de países como México se escribiera en un libro de superación personal.

No es gratuito que el pasado lo adopten de facto como lo decrépito, lo inoperante. Se desprecia lo que no se conoce y en el ayer está no sólo la historia, se ubica la identidad y la conciencia que es producto de la experiencia. Esto no es importante para quienes a su mediana edad desconocen su propia historia y los años vividos están muy lejos de convertirse en experiencia.

El tiempo no puede ser malo y bueno como la simpleza neoliberal quiere imponer. Para ellos el pasado es malo, el futuro bueno y el presente, regular. Lo cierto es que sin aclarar el pasado el presente de regular se vuelve pésimo y el futuro desaparece. No hay futuro para millones de mexicanos porque en el pasado le arrebataron la dignidad aquellos que se arrebataron a sí mismos la identidad.

El campo por ejemplo, vive en el pasado, no hay tractores sino bueyes arando trozos cada vez más áridos de tierra. No tienen recursos para alcanzar el presente. Para ellos el presente es un futuro inalcanzable.

Los tiempos del ser humano no se basan en el futuro sino en el pasado y el presente no es sólo un puente entre los tiempos intangibles sino el momento de actuar.