OCDE, una ilusión

Por: José García Sánchez

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Postigo

Nadie, hasta el momento, ha propuesto enterrar las computadoras y dejar de usar la internet.. Ningún candidato de partido algún os pretende volver a usar una carreta para transportarse. Es aquí, donde el pasado, por sí sólo  no puede significar retraso.

Sin embargo, si en nombre de la modernidad se reduce al mínimo el número de trabajadores de instituciones públicas y privadas, para invocar al progreso que sólo llega para algunos. Eso es modernidad.

El regreso al pasado lo imponen las autoridades actuales que permiten que enfermedades erradicadas regresen a causa de la pobreza que existe en el país.

El esclavismo que data de los años más vergonzosos de la humanidad puede regresar paulatinamente al dejar en nombre del desarrollo a los trabajadores mexicanos sin derechos laborales como lo hace el gobierno federal con su reforma.

El pasado como sinónimo de retraso representa un insulto a la historia. Desde luego que los irreverentes con la historia rara vez la conocen.

Para el presidente de la OCDE, el mexicano José Angel Gurría, pasado es sinónimo de retraso, presente es sinónimo de transición y futuro significa la tecnología como fin en sí misma y no como herramienta.

Hace días advirtió que en el primer debate, los candidatos a la Presidencia no deben exponer  propuestas que nos lleven al pasado.

Y exaltó que la nación logrará los retos de avanzar más, solamente con la tecnología, pero reconoce que para eso se necesita una fuerza de trabajo que la aproveche. Es decir, técnicos que puedan servir a las herramientas de trabajo y no profesionales que se sirvan de la tecnología.

Desde el principio, México entró a la OCDE durante el salinato, cuando el entonces Presidente, quiso demostrar que México era una potencia económica entrando a esta especie de club de golf, al que le conviene tener cada día más miembros, para poder obtener más poder y dinero.

Para Salinas entrar a la OCDE era entrar al primer mundo, en ese momento no se advertía que se convertiría en el orientador de la política económica, educativa, social, cultural, de salud, etc. de México.

José Ángel Gurría no desaprovecha oportunidad para regañar a los gobiernos miembros, como México, cuando no conducen su política como el OCDE necesita que se lleve a cabo.

El pasado no es tan malo cuando el presente es desastroso, sin embargo, para la OCDE vamos por buen camino.

Aquí la intromisión tiene la puerta abierta, a pesar de que su secretario general sea tampiqueño, en su investidura de secretario general del organismo, violenta las leyes y se puede considerar como una intromisión, pero como tenemos un secretario de relaciones exteriores blandengue que aprende diplomacia sobre la marcha, no advierte la intromisión, simplemente porque comulga con esa continuidad depredadora que arroja diariamente a la miseria a cientos de mexicanos.

El pasado es la memoria. Y los de la OCDE, que comulgan con los propósitos del salinismo, y encuentran en la actual administración un ejemplo de imposición de reformas, quieren borrar la memoria de los mexicanos, a pesar de que nuestra historia está llena de heroicidad social, y donde, no habrá que olvidarlo, los liberales han triunfado sobre los conservadores, y ahora éstos quieren imponer su victoria, haciendo de lo pasado simples sucesos que no deben recordarse.

En el pasado una familia podía salir de vacaciones por lo menos una vez al año con un salario mínimo. Ahora ni siquiera puede alimentarse con ese esquema salarial impuesto desde el exterior.

La OCDE es un accidente lamentable en la historia de México que trata de regir nuestra vida política y alterar las tradiciones y costumbres, a cambio de hacer sentir al gobierno de México exitoso.