Aeropuerto, talón de Meade

(Nota del Director General del Grupo Candelero: “Por el estricto respeto a la Libertad de Expresión por la que lucho a ultranza, y por la apertura al pluralismo ideológico de quienes bajo su responsabilidad han colaborado y colaboran en todos los medios de información que sin dogmatismo alguno he dirigido en mis largos 60 años como periodista, incluidos obviamente los de nuestro Grupo Candelero que administro en las Redes Sociales -siempre dentro del marco legal y del honor- han habido y habrá diversidad de opiniones y comentarios sobre los temas que sacuden a los mexicanos.

Creo que ésta postura, de acendrado nacionalismo, contribuye a hacer luz en la oscuridad de incertidumbre que prevalece para poder definir, lo mejor posible con nuestro voto, el nuevo rumbo de México en las próximas elecciones del 1 de Julio. Esta precisión la hago, por lo que aquí escribe mi amigo Pepe García Sánchez”.  Atentamente: Abraham Mohamed Zamilpa).     

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Por: José García Sánchez

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Postigo

Una vez que el tema de la construcción del nuevo aeropuerto está en el ámbito electoral, no podrá salir de la arena política hasta que se detenga la obra o suceda un accidente que dejará sin argumentos a los actuales defensores de la obra.

La obra del sexenio pasó de un cálculo, realizado por “expertos” del gobierno federal,   de 169 mil millones de pesos, a 250 mil millones de pesos, sin más explicación que la devaluación que ellos mismo provocaron, que en términos reales no debió afectar el proceso de construcción, porque todo hasta ahora, se ha pagado en pesos mexicanos.

La obra faraónica del sexenio, monumento a la corrupción de la actual administración y templo de la voracidad de  los funcionarios públicos involucrados, el nuevo aeropuerto de la ciudad de México, es un barril sin fondo y de proseguir es una bomba de tiempo.

Hasta la fecha ninguno de los responsables de esta obra ha querido someter su proyecto a un análisis serio que no sea el de sus propios “expertos”, tampoco aceptan debates con quienes cuestionan la factibilidad de la obra, ni prestan oídos a quienes les dicen que es el peor lugar para construir un aeropuerto.

Las versiones que presentan los defensores a ultranza del proyecto son verdades absolutas, no permiten cuestionamientos ni abren la posibilidad de discutir no sólo para debatir su proceso sino para mejor su planificación. Todo menos reducir costos que es parte del botín que algunos funcionarios involucrados tendrán a final del sexenio.

El nuevo aeropuerto de la ciudad de México será como esa estela de luz que inexplicablemente erigió Calderón en Reforma que no sirve más que para recordar la conducta corrupta de sus constructores.

Por ejemplo, el titular del Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México, Federico Patiño, estimó que cancelar la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México traería una pérdida de aproximadamente 120 mil millones de pesos.

Explicó que dicha cifra correspondería a demandas por daños y perjuicios, liquidación de personal, mismo que se espera sea de 70 mil personas a finales de este año, así como por los contratos que se han firmado y la inversión de que ha realizado hasta el momento.

Hablan de la pérdida de empleos directos e indirectos como si se tratara de una nómina muy numerosa y no lo es. Los servicios automatizados, con los que suelen mediar la modernidad los dreamers con suerte, dejan afuera muchos posibles empleos, que pagados en pesos y bajo las leyes laborales, no representan una gran ventaja para los mexicanos.

Comentó que actualmente se tiene cubierto el 70 por ciento del costo total de la obra que asciende a 13 mil 500 millones de dólares, Es decir, ellos ahora insisten en hablar del costo del aeropuerto en dólares aunque su proyecto inicial se haya anunciado en pesos mexicanos. Con la intención de confundir a la población y esconder todo lo obscuro que hay en esa obra que se convierte en el talón de Aquiles de la administración púbica y en el telón final del candidato del PRI a la Presidencia de la República.

Gerardo Ruiz Esparza, otro de los defensores a ultranza de la obra deja un precedente que explica por sí sólo el motivo de la creación de ese elefante blanco, al decir que: “La cancelación del nuevo aeropuerto generaría un descrédito total en México”. En realidad quienes se desacreditarían serían los que impulsan su construcción, México es mucho más que sus funcionarios públicos.