Contra la UNAM

Por: José García Sánchez

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Postigo

Cuando los mexicanos de una clase media, que reniegan de serlo, hablan de una buena escuela nunca se refieren a la UNAM: Están hablando de una escuela que les costará un buen porcentaje de su salario.

Para quienes quieren olvidar su origen las escuelas particulares son el mejor camino para borrar un pasado de pobreza y justificar con pruebas fehacientes su progreso económico personal.

Con los hijos en escuela privada se olvidan de que pueden los jóvenes consumir drogas por el simple hecho de que no está en la UNAM, como si la institución fuera sucursal de un laboratorio de El Chapo Guzmán.

Mientras desatan la guerra contra la UNAM por considerarla el principal centro de venta del narcomenudeo de la ciudad de México, en el extranjero, en cuestiones serias y académicas, la institución es declarada la mejor de educación superior de Latinoamérica.

Los funcionaros públicos desde el sexenio de Miguel de la Madrid mostraron muy grave desprecio por la educación pública en la que fueron criados y preparados. En la SEP no hay un solo jefe de Departamento que tenga a sus hijos en escuela pública, si esto se debe a que es ineficiente la educación de la que ellos son responsables de mejorar pues deben ser despedidos.

Si la intención es mostrarse como acaudalado, es tan urgente que tienen a sus hijos en colegios particulares, en una contradicción que bien pudiera llevarse a juicio por las contradicciones y deslealtades que implica.

Personajes como, Videgaray, Nuño, Alberto Elías Beltrán, José Antonio González Anaya, Pedro Joaquín Coldwell, etc. nunca estudiaron en universidades públicas, son, en sus propias palabras, aprendices que aprenden sobre la marcha, o bien echando a perder. Ellos no necesitan consumir drogas para cometer graves errores, porque casos como el del socavón, el pleito gratuito con Corea del Norte, la errada forma de imponer la reforma educativa, acusaciones sin prueba desde la PGR, etc. Dislates propios de alucinados y disociados de la realidad, por decir lo menos.

Ahora, las fuerzas más reaccionarias del país y la ciudad de México quieren ser las primeras fuerzas en quebrantar la autonomía universitaria colocando soldados, policías, espías, que existen de manera soterrada pero continúa en los campus. Desde hace muchos años, la gran tentación de los uniformados, casi una perversidad de la milicia, es poder esta en terrenos de la UNAM, considerado por ellos como el gran reto.

Los jefes de las corporaciones policiacas parecen tener un gran interés por desprestigiar a la universidad con pretextos legaloides y las altas autoridades quieren extirpar el pensamiento crítico que se expresa y engendra en sus aulas y pasillos. La venta de drogas en la UNAM, en cualquiera de sus campus no es superior a la venta de drogas en las universidades privadas.

Se necesitaría estar ciego para no darse cuenta de este comercio en muchos campus, de las universidades privadas, pero como se trata de destruir la educación pública, de privatizar la educación, de manipular la ciencia y la cultura desde programas escolares limitados y rasurados, pues la venta de drogas son un buen pretexto, porque las drogas causan en los padres un efecto devastados ante el peligro de que sus hijos las consuman. Muchos de esos padres tienen hijos adictos sin importar si están matriculados en escuelas públicas o privadas.

De acuerdo con la octava edición del QS Rankings de las Mejores Universidades del Mundo por Materias 2018, publicado por QS Quacquarelli Symonds, empresa de análisis de educación internacional, 12 departamentos de la UNAM están dentro del top 50 del mundo, por delante de la Universidad de São Paulo, Brasil (con 10 departamentos en el top 50); la Pontificia Universidad Católica de Chile (con 9) y la Universidad de Buenos Aires, Argentina (con 4).

La guerra contra la UNAM no es nueva, lo sabe el rector, y conoce no sólo las intenciones sino a los instrumentadores de esas campañas de desprestigio sabe que debe estar alerta.