Desechos de guerra

Por: José García Sánchez

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Postigo

La falta de costumbre del PRI por perder desde la víspera de las campañas la Presidencia de la República hace evidente sus complicidades ilícitas con los medios electrónicos.

La saña con la que se le lanzaron tres locutores a Ricardo Anaya por el supuesto lavado de dinero por la compra de un terreno y una bodega  no se compara con la pasividad de ese mismo medio; Televisa, con la otra sospecha que no pasar de ahí, pero esta vez donde el protagonista es José Antonio Meade.

Resulta que el PAN, acusó al candidato del PRI a la Presidencia de la República, José Antonio Meade Kuribreña, de participar en los desvíos de recursos de la Secretaria de Desarrollo Social, los cuales alcanzarían, los 500 millones de pesos.

Damián Zepeda Vidales, presidente nacional del PAN, señaló que, derivado de una revisión del informe de la cuenta pública de la Auditoría Superior de Federación de 2015 y 2016, se encontraron al menos tres casos que demuestran que el candidato del PRI, entonces Secretario de Desarrollo Social, no solo fue cómplice, sino que tiene responsabilidad de manera directa del desvío de los recursos.

Pero esto no es motivo de ninguna investigación periodística de Televisa, son rumores que no permiten que se conviertan en información. Sin embargo, lo de Anaya es un delito grave, que en realidad no existe, por no investigar la vida personal de quien le compró un terreno, cuestiona que debe avalar otro y no el vendedor ni el Notario.

El negocio de los bienes raíces, como el resto de las transacciones que se realizan en el país son muy escasas, el vendedor no se va a poner a investigar el origen del dinero del comprador porque debe haber confianza entre ambos y si no hay, pues la adquisición simplemente no se realiza.

Pero lo de Meade es más grave, en caso de ser real, porque hasta ahorita en ambos casos son especulaciones, aunque los locutores de Televisa quieran darlo como cierto. El simple hecho de que se desvíe dinero público debe aclararse aunque sea sólo una sospecha. Si es un rumor debe comprobarse que lo es, si es mentira sancionar al que la difundió, pero en torno a la posible desviación de fondos de Meade hay total hermetismo, no sólo silencio.

En el caso de Meade se señala el desvío de 400 millones de pesos a través de la Universidad Politécnica de Chiapas en 2015, caso en el que, de acuerdo el informe, se mostró que la Sedesol no proporcionó evidencia que acredite en tiempo y forma los trabajos realizados por dicha casa de estudios.

Además, otro caso tiene que ver con la sustracción y falsificación de convenios con las universidades de Nezahualcóyotl, la Politécnica de Texcoco y la Tecnológica del Sur del Estado de México, en un convenio de 611 millones de pesos.

Por casos como éste la credibilidad de los lectores de noticias está en plena caída libre.. No hay quien pueda creerle a nadie, sobre todo a la hora de cuestionar o defender a los candidatos a la Presidencia de la República.

El silencio del candidato de casa contrasta con la saña, la agresividad y la mala voluntad de sus empleados contra los candidatos que no son del agrado del consorcio y tienen en sus locutores a una carne de cañón que se desgasta progresivamente y los desecha, como sucede con el caso de Carlos Loret de Mola, quien ya no renovó contrato con Radio Fórmula para seguir con su programa Contraportada.

Los soldados de la información sólo sirven para ir al frente y morir en las primeras batallas mientras las guerras las ganan los dueños del consorcio, a veces.