Colosio, franquicia o mártir

Por José García Sánchez

Postigo

El recuerdo de Luis Donaldo Colosio es todavía una muerte no superada por muchos priistas. El nombre del malogrado candidato del tricolor se convierte en una especie de bandera que todos quieren enarbolar sin que haya un seguimiento real de su figura.

El precandidato del PRI a la Presidencia de México, José Antonio Meade, recordó los “principios” que Luis Donaldo Colosio "dejó a nuestra generación".

Meade, tratando de apoderarse de la imagen de Colosio Murrieta comentó: “Ser sensible a las demandas de la gente, estar a la altura de lo que se espera de ti y transformar lo que nos duele. Los principios que Luis Donaldo Colosio dejó a nuestra generación y que recordamos hoy, a 68 años de su nacimiento”.

Así, el PRI se considera propietario de la herencia de un militante asesinado, nadie sabe por quién exactamente. Pero no es la única organización que considera que Colosio es una especie de franquicia con la que se puede allanar el camino hacia el triunfo electoral.

Porque el hijo de Luis Donaldo Colosio, también guarda no sólo el apellido sino la voluntad de incursionar en la política, en cualquier partido menos en el PRI, porque aseguró que si su padre reviviera volvería a morirse de tristeza al ver las condiciones en que se encuentra ese partido.

Ahora Luis Donaldo Colosio Riojas compite por una diputación federal de Nuevo León, por el Partido Movimiento Ciudadano. Pero no son los únicos que utilizan el nombre de Luis Donaldo Colosio como franquicia, surge una organización autodenominada Pueblo Republicano Colosista, que trata de convertirse en partido político.

Como estas hay fundaciones, grupos, asociaciones, y hasta clubes sociales con su nombre.

Lo cierto es que el lamentable hecho de que haya sido asesinado un candidato a la Presidencia de la República, sin que haya claridad en la responsabilidad de dicho homicidio, habla de una falta de democracia en México, pero no porque haya sido Colosio un representante de la democracia sino porque se trataba de un candidato a un puesto de elección popular.

Esta falta de precisión ha permitido excesos que lo han llevado ser nombrado el mártir de la democracia o bien un ideólogo del PRI.

Resulta poco conocida la tarea política de Colosio como para convertirlo en un ideólogo. Las teorías políticas que se le atribuyen tiene que ver con el discurso pronunciado en el aniversario de su partido el 6 de marzo de 1994, las miles de interpretaciones de esas palabras llenan más volúmenes que todos los discursos pronunciados por el extinto priísta. Quieren obligarlo a ser un ideólogo sin saber si quiere serlo o no.

No es que sea un personaje de cultura política endeble sino que no le dio tiempo de madurar más ideas para convertirse en realidad en un ideólogo, o en un pensador de la teoría política del país o de su partido.

Sin embargo, a pesar de su corta vida política, ahora quieren hacerlo aparecer como un héroe sin serlo, un ideólogo sin serlo, un mártir, sin serlo, etc. El hecho de que haya muerto no lo convierte en un ser humano mejor, que pudo tener muchas atribuciones y simpatías pero no es un escudo contra los enemigos políticos ni blindaje contra la estulticia de quienes lo anteponen a sus actos y discursos en precampaña, ni su nombre es un exorcismo contra la mala suerte.

Luis Donaldo Colosio no debió morir, menos aún ser utilizado por quienes consideran que nombrándolo pueden ganar adeptos.

Las generaciones de jóvenes con posibilidades de ejercer su derecho al sufragio no conocen a Colosio, no supieron de su asesinato artero ni lo consideran una bandera política o ideológica. Hace 24 años mataron a Colosio y eso es mucho tiempo como para seguir utilizando su nombre con la ligereza irresponsable de quienes necesitan asirse de algo para hacer sólida su propia imagen.