Guerra fría de Meade

Por: José García Sánchez

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Postigo

El mundo se divide en buenos y malos. Como en las películas de Hollywood, donde la Casa Blanca tiene un brazo ideológico muy definido y la intención de reducir la historia y la realidad a dos bandos, sin matices, sin grados.

Para algunos personajes de la política mexicana es preferible convertirse en una estrella más de Estados Unidos, antes que permitir que otro país tenga injerencia política o electoral. Sólo ellos pueden manipular información y tergiversar noticias e imponer culturas.

Ante este simplismo ramplón que se antoja no sólo ingenuo sino preocupante frente a tanta ignorancia y carencia de lógica, el candidato de la coalición ‘Todos por México’, José Antonio Meade, llamó a estar atentos a la recomendación del secretario de Estado estadunidense, Rex Tillerson, quien durante su visita a México señaló a Rusia como un riesgo de intromisión en el proceso electoral.

Rex Tillerson pertenece, a su vez a esa clase de fanáticos estadounidenses que se quedó en el tiempo de la guerra fría porque eso hacía interesante su vida. Luego de terminada el videojuego de la guerra se quedó sin enemigo al frente y ve rusos por todos lados al igual que su jefe, Donald Trump, quien ve migrantes por todos lados y quiere exterminarlos como si se tratara de enemigos en un video juego.

Tillerson y Trump están contra las drogas no las necesitan, siempre están alucinando.

Es en ese ámbito de desprecio a los mexicanos en el que el candidato Meade rescata una advertencia de un secretario de Estado, y acostumbrados, como están los egresados de las universidades del vecino país a ver como verdad toda ocurrencia de los secretario de Estado, Meade, se apunta públicamente como un incondicional de la política de la Casa Blanca.

Es decir, que para esos egresados todo lo que viene del vecino país del norte es verdad, a eso están acostumbrados los egresados dela Universidades de ese país, entre ellos Meade, quien estuvo en la universidad de Yale, ubicada en New Haven, Connecticut. Y forma parte del grupo anunciado por Robert Lansing, secretario de Estado, de 1915 a 1920, hace cien años:

“México es un país extraordinario, fácil de dominar porque basta con controlar un sólo hombre: el presidente. Tenemos que abandonar la idea de poner en la presidencia a un ciudadano americano ya que esto llevaría otra vez a la guerra.

La solución necesita más tiempo: debemos abrir a los jóvenes mexicanos ambiciosos las puertas de nuestras universidades y hacer el esfuerzo de educarlos en el modo de vida americano, en nuestros valores y el respeto al liderazgo de Estados Unidos.

Con el tiempo esos jóvenes llegarán a ocupar cargos importantes, finalmente se adueñarán de la presidencia; entonces, sin necesidad de que Estados Unidos gaste un centavo o dispare un tiro, harán lo que queramos.

Y lo harán mejor y más radicalmente que nosotros”.

Meade, preocupado por las interpretaciones de Tillerson añadió: “Tenemos que ser cuidadosos de cualquier espacio de desinformación, con independencia de donde venga, la desinformación no ayuda, confunde, genera preocupación y genera espacios donde la mala información empieza a generar ruido y creo que ese tema, es un tema que habrá que cuidar".

El servilismo ante Estados Unidos que caracterizado a los funcionarios públicos de todos los niveles en los últimos años, ha colocado a México en la miseria en la que viven cada día más mexicanos, la dependencia económica y sobre todo alimentaria, puede terminarse con un político que ponga un alto a esa intervención de Estados Unidos que comenzó desde hace muchos años y que se muestra en cada declaración del secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray o de su amigo de la adolescencia José Antonio Meade.

Para más de un político de la actual administración la palabra de Trump es importante. No les bastan los insultos, el menosprecio, la agresión, la intromisión, pero es explicable, los priistas y los políticos de la Casa Blanca, tienen los mismos enemigos. De esto da cuenta la historia y la triste realidad mexicana lo comprueba.