Adiós a la tortilla

Por: José García Sánchez

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Postigo

Cuando Peña Nieto parecía en spots televisivos convenciendo a la población sobre los beneficios dela reforma energética nunca pensó que dichas mentiras se le revirtieran a través de un aumento de precio en el producto básico de la dieta de los mexicanos: la tortilla.

Acostumbrados como están los empresarios mexicanos a no dejar de ganar y a que el consumidor sea quien asuma el incremento, esta vez os argumentos de Lorenzo Mejía, presidente de la Unión Nacional de Industriales de Molinos y Tortillas, se explican, aunque no se justifican.

Peña Nieto aseguró, al principio del sexenio, que las tarifas de luz bajarían, el precio de los combustibles también, y todos los energéticos. Que sería una bendición para los mexicanos haber votado por él, como paladín de las reformas estructurales. A los pocos años, se muestran incrementos desproporcionados en todos estos rubros.

Los empresarios de la tortilla, como otros muchos recienten los aumentos de gas y otros combustibles y lamentan haber creído en el ya casi ex presidente de México a la hora de necesitar el voto primero y a la hora de subastar la riqueza del país, después.

Ya lo afirmaron los molineros: el incremento al precio de las tortillas está justificado por el aumento que han tenido los costos de la energía, el gas y la gasolina. La bomba les estalló en las manos a los priistas, precisamente en el momento en que más apoyo ciudadano requiere su agónica organización, el alimento base de la dieta de los mexicanos aumenta aumentando el hambre y la miseria que han crecido en este sexenio.

De inmediato el servil Secretario de Economía salió a los medios para justificar lo injustificable al decir que dicho aumento carece de fundamento y es posiblemente violatorio a la Ley Federal de Competencia Económica, cuando al aumentar el precio del combustible debe preverse siempre la repercusión, los propios funcionarios públicos lo hacen son su salario en relación con la inflación.

Esto recuerda el disparo en el precio de la tortilla iniciado el sexenio de Felipe calderón, que sirvió para que el entonces propietario de Maseca, Roberto González Barrera, que murió sin recibir la Medalla Belisario Domínguez de parte de los priístas, recuperara lo invertido en su campaña. El aumento sólo duró unos días, los suficientes para resarcir dicha inversión.

Ahora, suena poco lógico que luego de un engaño a los mexicanos y un aumento sorpresivo a los energéticos, no calculen los expertos del ITAM reacciones como las de los molineros.

Los molineros, probablemente encaminados a contribuir a la anunciada derrota electoral del PRI se muestran inamovibles ante el anuncio del incremento al precio de la tortilla. Esto habla de amenazas de sanciones de parte de la Secretaría de Economía, a través de su grupo de choque llamado Profeco y la paulatina desaparición de las tortillerías, quedándose con las cadenas de supermercados como únicos expendedores de este producto.

Así lo advirtieron los molineros: "La Unión Nacional de Industriales de Molinos y Tortillas es una asociación civil sin fines de lucro y no nos estamos coludiendo quienes participamos en dicha asociación. No estamos haciendo ningún monopolio, luego entonces si quieren que no se diga nada y que se aumente el precio sin ningún tipo de comentario, con mucho gusto lo hacemos. Ya nos vamos a quedar calladitos y simplemente se van a reflejar los aumentos en donde se tengan que reflejar a la hora que se tengan que reflejar”.

Aquí el problema es de costos, de falta de subsidio, de engaño, de demagogia, de trampas oficiales, donde se muestra que el PAN es lo mismo que el PRI, partidos a cuyas cúpulas no les interesa dejar sin tortillerías ni tortillas a los mexicanos, como parte de un progresivo atentado contra la cultura nacional, y con el firme propósito de que los mexicanos perdamos la identidad a través de la cultura alimentaria desapareciéndola a través de su encarecimiento.