El hígado de Mancera

Por: José García Sánchez

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Postigo

El PRD vuelve a estar atado de pies y manos por culpa de su dirigente nacional de facto: Miguel Ángel Mancera.

La conducta visceral de un personaje frágil como Mancera le impulsa a la venganza contra Alejandra Barrales.

De ahí que intempestivamente surgieran dos alfiles suyos, desganados y con apatía, como aparente competencia a la aeromoza, pero no salen de la nada y menos para hacer bulto solamente sino para arrebatarle la candidatura a la gubernatura.

Desde su perspectiva del Palacio del Ayuntamiento, Macera ve traición, no pudo advertir en su infinito egocentrismo, que los números no le alcanzaban para competir por la Presidencia de la República por el Frente, simplemente al adueñarse del PRD a través de su marioneta Manuel Granados, metió, con calzador a dos competidores, también de segunda división, por la gubernatura de la Ciudad de México.

No sólo por venganza personal sino para demostrar que sigue vivo políticamente hablando, aunque no se considera un triunfador, vio que a mediano o largo plazo, dependerá de los números en las diputaciones federales y locales de la Capital, donde le dieron, desde muy arriba del poder, manga ancha para manejarse y, de ser posible, para adueñarse del partido.

Mancera intentó venderse caro sin conocer el potencial de Morena en la Capital, se distrajo mucho e invirtió bastante en su persona. Creyó que podía llegar no sólo a la candidatura hacia la Presidencia sino ser Presidente de la República. Ahora, ve que si el número de votos para Morena es muy alto, lo que negoció puede hacerse polvo. Pero, por lo menos, habrá perpetrado una venganza contra quien creyó que lo sacó de la jugada para darle ese lugar a Ricardo Anaya.

Este tipo de indecisiones que sólo afectan a la democracia y menosprecian la inteligencia de los mexicanos redunda en la evidencia de una clase política inestable, insegura, pero sobre todo muestra políticos que no ejercen el poder.

No hay ni poder ni autoridad en el gobierno del país, menos en la iudad de México, sede de los poderes, tampoco en la Presidencia de la República, donde se concentran los poderes.

El rumor de cambios en el candidato del PRI a la Presidencia de la República crecen y provienen de buena fuente. No prende ni con gasolina cara Meade y su discurso se ha convertido en el mejor remedio para el insomnio.

Ahued y Chertorivsky no surgen como posibles gobernadores de la Ciudad de México sino como probables candidatos. El Frente no compite para ganar sino para distraer votos y ganar tiempos y espacios a la verdadera oposición, pero en el caso de la Ciudad de México, las candidaturas surgen del hígado de Mancera y no de la mente de su dirigente nacional o estatal.

Es lamentable que la competencia por una candidatura, al interior de los partidos, sea más sangrienta y salvaje que por el puesto al que puede conducirlos dicho abanderamiento.

Ahora Mancera hace daño a todos, donde quiera que lo pongan. Su frustración por no llegar a donde creyó ingenuamente es más grande que cualquier decisión razonada.