¿Y las instituciones?

Por: José García Sánchez

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Postigo

Cuando hablar de la responsabilidad original que le da vigencia a una responsabilidad pública es un motivo de orgullo, es que algo anda mal.

Las instituciones en este sexenio se convirtieron en una especie de culto a la personalidad, donde realizar las tareas por las que le pagan sus salarios es algo excepcional, y como muestra están las declaraciones de Lorenzo Córdova, quien anuncia que habrá elecciones legales e imparciales. Esto quiere decir que nunca las ha habido.

El INE, antes IFE, nace para que haya elecciones legales e imparciales, por eso les pagan sus muy altos salarios. No es una condición que deba anunciarse sino una obligación implícita en su tarea cotidiana.

Pero como están acostumbrados en el INE a que su tarea siempre sea cuestionada, se les hace fácil decir algo que acusa culpa e irresponsabilidad, por decir lo menos.

Más aún si estas palabras se pronuncian cuando es aprobada en comisiones del Senado la Ley de Seguridad Interior que es una amenaza para libertad de los mexicanos y sobre todo una advertencia a manifestar ideas opuestas a las del gobierno.

El INE forma parte de una estructura de Estado que sin ser partido político se identifica con la derecha. Su formación administrativa es vertical, prácticamente dictatorial. Pero sus disposiciones y connivencias se realizan sobre un esquema de conservadurismo con el pretexto de las leyes electorales interpretadas por los propios consejeros electorales a modo, de tal suerte que los beneficiados sean por lo regular PRI, PAN y Verde, el resto son sancionados no sólo con mayor frecuencia sino con más saña. Basta ver una relación de multas, amonestaciones, y restricciones contra esos partidos.

Es sintomático que los únicos en este país que hablan de democracia sean los Consejeros electorales, como si tuvieran la necesidad de justificar su cargo y explicar su salario.

Por ejemplo, Córdova Vianello afirmó que en el arranque de las precampañas, como debe ocurrir en democracia, el protagonismo recae en los actores políticos y no en las autoridades electorales.

Es decir, ellos cada día tienen salarios más altos, pero menos responsabilidades. A menos que tengan que ver con la injerencia de los castigos a los partidos políticos ante fallos del Tribunal Electoral, en los cuales han reducido, por decisión de los propios consejeros, montos y castigos.

Cómo creer que existen instituciones de Estado si sus titulares las convierten en sucursales de los partidos políticos, y no sólo es el caso del INE, sino de todas las secretarías de Estado, las que deben ser imparciales como la CNDH, el IFAI, y otras aparentemente imparciales se inclinan a proteger al poder existente.

Es necesario leer los boletines de prensa de las dependencias de gobierno para darnos cuenta que vivimos en una aparente democracia, donde los encargados de Comunicación social, crean una especie de culto a la personalidad y su trabajo, obras, ideas y proyectos simplemente son parte de esa gran deidad que es el titular, a quien se le debe honrar y respetar como un semidios.

Las instituciones actuales en México tienen vicios que crecen y se fortalecen en busca de una legitimidad que carecen desde el origen; sin embargo, no dudan en afirmar que hablan desde la modernidad de un gobierno que transpira agonía, y para el cual el resto de las propuestas políticas son antiguas, pasadas de moda, falsas o simplemente pertenecen al pasado, de donde ellos todavía no ha salido.

De no haber una transformación de fondo en la estructura burocrática se va a hacer en pedazos y no necesitan ni disidencia ni enemigos externos. No resisten más tiempo esa inercia y en las declaraciones del consejero presidente del INE, tenemos una clara advertencia sobre esa inevitable y evidente decadencia.