Candidatos tricolor sin color

Por: José García Sánchez

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Postigo

Algo pasa en el PRI que no tienen candidatos para los puestos políticos más importantes. La Presidencia de la República y la gubernatura de la Ciudad de México, que suele considerarse políticamente como una vicepresidencia tiene aspirantes sin militancia partidista, ni en ese partido ni en ningún otro.

Ganar la credibilidad del electorado a través del PRI es apostarle a la derrota, lo saben todos. Aunque no todos son iguales dentro del PRI. Está el grupo de poder más cercano a la práctica de la administración que al partido. Ante esta realidad la militancia y los sectores aceptan a regañadientes a candidatos externos, lejanos a ellos, pero que hay que apoyar por una institucionalidad inexplicable.

La unidad del PRI está prendida de alfileres. De hecho no se descarta que muchos priístas voten por candidatos de otros partidos. A los miembros de ningún partido político le gusta que le impongan un candidato de fuera, luego de que algunos han trabajado dentro de la organización para hacerse notar y poder ganar puntos ante la cúpula y a la hora de seleccionar candidatos se quedan fuera.

Esta decisión del poder debilita el trabajo realizado por la militancia y deja colgados de la brocha a más de un dirigente regional, a más de un líder real, a más de un militante honesto.

Son tan pocos los cuadros de este nuevo grupo en el poder que colocan a los mismos en puestos que desconocen totalmente. De ahí la improvisación y los palos de ciego con cargo a la estabilidad social.

José Antonio Meade y Mikel Arriola, son una extracción de la burocracia administrativa, con una lejanía total de la política y un desconocimiento absoluto de la historia. Y si le ponemos la cereza al pastel para coronar la ignorancia colocan a Aurelio Nuño como coordinador de la campaña presidencial, que todavía no sabe hablar español, la derrota lógica del PRI puede estar cerca.

El simple hecho de tener a Nuño en la campaña le asegura un cargo público de primer el próximo sexenio, de ganar ese partido. Sin embargo, nunca hizo nada por la educación, ni por el país, ni por sí mismo, sólo depuró la nómina de los maestros, como un simple contador que no llegó siquiera a convencerse a sí mismo de las supuestas ventajas de la reforma educativa.

Ahora la SEP estará, como buena parte de la política en el país, en manos de Carlos Salinas, a través de Otto Granados, privatizador por excelencia y uno de los hombres más cercanos al ex presidente.

Los candidatos independientes del PRI son grises y no pueden ir más allá de la continuidad de una política que ha mostrado su deficiencia en los temas prioritarios como el combate a la miseria, al desempleo, a la enfermedad. Un ejemplo de ello es que a pesar de que hay un ex rector de la UNAM en la Secretaría de Salud, la miseria de los mexicanos en la que ha hundido la inexperiencia y la improvisación, ha hecho que regresen enfermedades a nuestro territorio que ya se habían erradicado como la tuberculosis y la lepra. Padecimientos que países con menos recursos y menos riqueza natural la erradicaron de manera definitiva.

La improvisación y el desconocimiento de las tareas que les son propias arrojan al país a malestares sociales mayores, a una inconformidad de la población que requiere de una ley como la de seguridad interna diseñada para reprimir protestas y no para darle seguridad al ciudadano.

Así, los candidatos del grupo en el poder montados en el PRI, por unos meses solamente, anuncian no sólo la decadencia de un partido que pudo haber hecho algo por el país, sino una derrota electoral sin precedente, a menos que vuelvan a echar mano del fraude como lo hicieron en el Estado de México.

El hecho de que para los dos puestos de elección popular más sobresalientes no sean del PRI, habla de que por lo menos les da vergüenza ser como son, y eso ya es un avance.