Prensa vendida

Por: José García Sánchez

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Postigo

Todo empezó cuando las oficinas de Comunicación Social comenzaron a exaltar la personalidad del titular de la dependencia en lugar de dar a conocer las obras de la institución. Ahí los hombres sustituyeron a las instituciones y las hicieron vulnerables.

El culto a la personalidad que se instituyó como régimen de comunicación desde el sexenio de Miguel de la Madrid, sustituía las ineficiencias de cada uno de sus funcionarios públicos, muchos de ellos todavía en el poder y con mucho poder.

Ese afán por exaltar hasta el exceso el culto a la personalidad como lo hacían nuestros políticos precolombinos, contagió a toda la administración pública sin importar partidos ni trayectorias personales.

En el paroxismo informativo los funcionarios públicos fueron convirtiéndose en seres iguales, los excesos los hicieron cómplices y la corrupción se mostró en todas sus expresiones de manera tan absurda como impune.

La política y los partidos dejaron de ser respetados, su actividad los condenó al basurero de la historia. Ahora, el hecho de que la Suprema Corte de Justicia de México obligue al Congreso a redactar una ley que regule la propaganda gubernamental, es un hecho sin precedente y que hará historia.

Lo sorprendente es que esta decisión provenga de una parte de la estructura del poder. El ministro Arturo Zaldívar considera que la falta de reglas claras en materia de publicidad oficial provoca una censura indirecta y afecta la libertad de expresión.

Aquella frase de uno de los oscuros personajes del priismo de que “no voy a pagar para que me peguen”, debe recordarse como una prueba irrefutable del condicionamiento de la censura a la libertad de expresión.

Los Gobiernos dan mucho dinero a las líneas editoriales afines y asfixian económicamente a los medios críticos, señaló el magistrado. En realidad la complicidad hizo de los medios un negocio de la información y no una información que redunde en negocio.

Los contenidos de los medios en México parecen tener un mismo dueño y no por la parcialidad de su información sino por la similitud en la jerarquía de sus noticias. Esto, desde el momento mismo del primer impacto visual, es muy preocupante y da cuenta de la fragilidad de lo que algunos llaman democracia y que exhibió José López Portillo, con su frase de que no iba a pagar para que le pegaran.

Asegura el magistrado que dentro del ámbito jurídico también se trata de un hecho sin precedente al aceptar al amparo como medio para proteger a la ciudadanía de una inconstitucionalidad por omisión y con ello cumple con la obligación establecida en la reforma constitucional de 10 de febrero de 2014.

El servilismo de la prensa ante el gobierno también hizo vulnerable a los periodistas, de ahí su facilidad para matarlos impunemente, la actividad de informar de analizar, de cuestionar se convirtió en activismo para el gobierno y por lo tanto, para los medios.

La falta de protección hacia los comunicadores arrojó consecuencias fatales, sometió hasta la agonía la actividad de informar y a la propia libertad de expresión. Ahora, el hecho de que haya una obligación legal, no quiere decir que se vaya a cumplir. En ese trayecto de legislar y hacer cumplir las leyes está la esencia de nuestra derrota histórica como Nación.