Los reporteros, hace tres décadas

Textos en libertad

               (1ª. de 3 Partes)

Por José Antonio Aspiros Villagómez

Hoy, en el periodismo todo parece ser más fácil con las nuevas tecnologías. Pero quién sabe, porque los actuales reporteros son todólogos que anotan directamente en su maquinita, redactan y envían notas a su medio, toman fotos, graban audio y video y “suben” (¿?) información a las redes. Por el mismo precio.

Pero hace apenas tres décadas la rutina era otra muy distinta, al menos en la agencia Notimex donde trabajaba entonces este tecleador, quien escribió lo siguiente (que se publicó distinto) para un periódico promocional de la empresa, editado en junio de 1986:

“México, abril 1986 (Notimex).- Las seis de la mañana. Un ayudante adormilado, pero ya en servicio, está apenas sacando copias en mimeógrafo de las órdenes de trabajo, cuando suena el teléfono: es el primer reportero que pide sus indicaciones para el día. Como él, otros 22 habrán de hacer lo mismo en las siguientes dos horas.

“Organizados en fuentes informativas, todos los reporteros de Notimex ya están en la calle con las primeras horas de la mañana. Algún desayuno con funcionarios, el informe del cambio de guardia en las oficinas del ministerio público, la gira de trabajo por la ciudad, o las actividades presidenciales.

“Mientras comienzan a sonar los teléfonos de la redacción central para tomar el dictado de las noticias que estos periodistas han recabado, los redactores de la mesa ya trabajan las síntesis informativas, los encabezados de los diarios, el pronóstico del tiempo, la apertura de operaciones en la banca y la Bolsa de Valores.

“Después de las once de la mañana, el repiquetear de teléfonos es incesante. A veces el personal no se da abasto para atender a todos los reporteros, cada uno de los cuales piensa que tiene “la de ocho” en su libreta o grabadora; todos quieren ser atendidos con prioridad.

“Así transcurren las horas de la tarde. Mientras los hombres de la calle continúan a la caza de noticias en sus fuentes, los de escritorio los apoyan con la jerarquización, edición y transmisión de su material a todos los abonados al Hilo Nacional. Llega una “hora pico” en que aquello es la locura. Se han recibido casi simultáneamente noticias del Palacio Nacional, del Congreso que ha abierto un periodo extraordinario de sesiones, la declaración del día a cargo del Procurador, avances en la investigación de reciente accidente aéreo, una manifestación de sindicatos independientes y la inauguración de viviendas para damnificados por el terremoto de hace siete meses.

“Un cuerpo de 23 reporteros, ha trabajado las noticias surgidas en la gran ciudad: 18 millones de habitantes entre el DF y los municipios conurbados y, además, la sede de los tres poderes de la Federación y de las principales centrales obreras y patronales.

“Hacia las ocho de la noche los reporteros prácticamente ya terminaron, pero ahora es su jefe de información quien se dispone a organizar y elaborar las órdenes de trabajo para el día siguiente, y así se eslabona un quehacer cotidiano cuyo ciclo se cierra cuando vuelvan a ser las seis de la mañana, y el ayudante madrugador regrese a imprimir las instrucciones que habrán de convertirse en noticia en el curso del día.”

Ese folleto promocional de Notimex, publicado con formato de periódico y con el título de la agencia como cabezal, apareció una sola vez y, desde luego, informó también sobre el trabajo de otras áreas como radio, televisión, fotografía, corresponsales, hilo internacional y mesas de deportes, cultura y espectáculos.

Pero todo eso lo hicieron otros autores, en algunos casos con datos de los textos que entregó este tecleador, y que le sirvieron para su ensayo ‘La imagen ‘sexenal’ de México en el mundo’.

Sólo se reprodujo casi tal cual otro trabajo, relativo al área de servicios especiales (“¡Asesinaron a Olof Palme!”) y que será tema de la siguiente entrega.