El gris gobernante de la CdMx quiere cambiar la historia

Por: Jorge Herrera Valenzuela

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Ráfaga

Nadie con sentido común justifica los hechos ocurridos el 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, pero tampoco se aplaude la determinación de un gobernante que pretende borrar la historia, simplemente porque “ya se cerró un ciclo” y así pasar a la historia, después de su burocrática actuación. Ese sujeto responde al nombre de José Ramón Amieva y cobra como jefe de Gobierno de la Ciudad de México.

Por sus puras pistolas, el perredista Amieva sin un argumento fundamentado, quiere cambiar nuestra historia, porque su cerebrito no le da para más. El pintoresco hijo del español Julio Amieva Puertes, que se casó con la hidalguense Teófila Rosalba Gálvez Godínez, ha provocado una polémica precisamente en el cincuentenario del 2 de Octubre. El agricultor asturiano compró un rancho y doña Teófila Rosalba administró locales comerciales y un restaurante en Mixquiahuala de Juárez, Estado de Hidalgo, donde nació José Ramón que el 2 de abril de 2018 recibió por herencia la gubernatura de la Capital del País, sin mérito alguno.

Amieva Galván llegó a este mundo cuatro años después de registrado el suceso del 2 de Octubre y luego de titularse como licenciado en Derecho, en la Universidad Valle de México, comenzó su carrera burocrática. Nada relevante en su actuación dentro de las oficinas de la Ciudad de México y va cubriendo vacantes por escalafón hasta llegar a la secretaría de Gobierno, de donde, también por ascenso rutinario, recibe el cargo que ostentará hasta los primeros días de diciembre próximo.

Pues bien, este individuo el pasado lunes ordenó, “porque soy el jefe y aquí mando yo”, que quitaran las placas metálicas colocadas, en las paredes, el 4 de septiembre de 1969 en las estaciones del Metro Pino Suárez, Balderas, Insurgentes, Zócalo e Hidalgo, así como en la Sala de Armas de la Ciudad Deportiva, en la Magdalena Mixhuca, Iztacalco. Enviando dichas placas a un almacén “para que una comisión decida qué hacer con ellas”; esto sí que raya en lo estúpido y muestra la mente del burócrata ignorante.

Bueno, todo está relacionado con el cumplimiento de quitar las placas en que se lee que siendo Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos el licenciado Gustavo Díaz Ordaz y jefe del Departamento del Distrito Federal, el general y licenciado Alfonso Corona del Rosal, se ponía en servicio el Metro, éste bajo el rubro de Servicio de Transporte Colectivo de la Ciudad de México.

Para el ilustre desconocido perredista Amieva Galván borrar los nombres de los gobernantes, significa “entrar a la historia”. Total, Díaz Ordaz y Corona del Rosal ya se murieron, “ya se cumplió el ciclo y se cierra”. Le dejo de tarea, al susodicho hidalguense,   cambiar el nombre a las 19 Colonias Díaz Ordaz que hay en nuestra hermosa Capital Mexicana y de paso que se lance hacia Tamaulipas para que también le pongan otro nombre a Ciudad Díaz Ordaz, ubicada a 40 kilómetros de Reynosa, y que es paso fronterizo, donde se sigue usando, para cruzar el Río Bravo, un “chalán” o sea un ferry que se desplaza con fuerza humana.

De estos días hasta que entregue el despacho a la jefa de Gobierno, Don Ignorante Amieva Galván podría “cerrar el ciclo” de otros personajes, cuyos nombres figuran en calles, avenidas, colonias, escuelas y delegaciones (hoy Alcaldías) como Plutarco Elías Calles, Álvaro Obregón, Emiliano Zapata, a quienes la historia nos presenta como responsables de matanzas contra campesinos y militares. Sin olvidar a Pancho Villa.

PREGUNTA PARA MEDITAR:

¿Qué pensará Cuauhtémoc Cárdenas de este obscuro cierre de gobierno de la Ciudad de México, luego de 21 años de que el PRD conquistó el poder en la Capital del País?