“Huehuehtlahtolli”: salutación náhuatl a autoridades electas

Almajuarense

Por: Francisco Rodríguez Pérez

Ya he comentado mi admiración por los testimonios de la antigua palabra e incluso transcrito algunos de los hermosos mensajes que se trasmitían, generación tras generación, en el hogar y en diversos momentos especiales de la convivencia cotidiana, nuestros antepasados originales, nuestro linaje original, de donde proceden estos textos, estos fragmentos de sabiduría náhuatl.

 

En la obra “Huehuehtlahtolli”, Miguel León-Portilla y Librado Silva Galeana, han dejado constancia de esa antigua palabra, tan actual por su sapiencia, por su valor ético, moral e incluso literario.

De entre la diversidad de mensajes que los autores han estudiado, extractaré algunas ideas de las “palabras de salutación con las que algún señor saluda, habla a uno de linaje principal”, como una forma de honrar, hoy, a las autoridades electas.

Un mensaje para Javier Corral, a quien recuerdo como aquel niño juarense, prodigio del periodismo, que se acercó a mi oficina de representación legislativa, y quien hoy es gobernador electo; unas palabras para los próximos huéspedes del Congreso estatal y los Ayuntamientos de la entidad, tanto a los de partido, como a los independientes. Un saludo, pues, pero muy especial porque se trata de antiguas palabras que cobran actualidad en este momento.

En primer término, así se iniciaba el saludo:

“Mi Señor, yérguete en el sitio donde quizás por un momento, por un día, en el lugar de sus sandalias, al lado izquierdo del Dueño de la cercanía y de la proximidad, de quien es el hogar, la casa, el Señor único, Dios…”

“Servir de sandalia”, “estar a la izquierda”, vale tanto como ser su siervo, su vasallo:

“(A Dios) le sirves de sandalia, a cuya izquierda estás, a quien asistes, a quien prestas servicios; tú lo representas, tú eres su imagen, sus ojos, su mandíbula; tú su rostro, su oído te haces porque le sirves de intérprete, haces que broten su voz, sus palabras…”

“Lo negro, lo rojo”, es un difrasismo con el que se alude a la sabiduría:

“En tu interior, en tus entrañas, en tu seno, en tu garganta escondió, puso su libro, la palabra, lo que es negro, lo que es rojo, en donde aparecen los dardos del águila, del ocelote, que así estás lanzando, devolviendo”, continúa el saludo.

“Y te ha dado manos, pies (vasallos); Dios a ti te dio el ala, la cola (el pueblo), el cual en tu agua, en tu monte (en tu ciudad) está disperso, se esparce.

“Tú lo guías, lo conduces, haces que lo amen; por eso te pintó, te puso color el Señor Nuestro (puso en ti la sabiduría); y te puso labios, dientes (te dio la palabra para convencer y los dientes para castigar); te dio dignidad, te dio honra, te fortaleció, te dio vestidura, te puso barniz blanco (te confortó), te atavió con plumas (fue misericordioso contigo), te sobrepuso, te ha dado firmeza.”

Luego el mensaje de salutación toca el tema preciso:

“A su gobierno, a su señorío le das honra, lo haces prosperar, así ya por él trabajas mucho, intensamente, así presides su estera de águila, su estera de ocelote. Así yace el de alto rango guerrero, el que de día no reposa, no está echado, no está tendido; junto a él está su uña, su diente, su beber de agua, su comer de gente, el encumbramiento, nuestro descenso; el lazo para cazar, la soga, el agujero, la obsidiana, la piedra, el palo que así destruye, quiebra al mismo jade, a la misma turquesa”.

Es el anterior un elenco de atributos del gobernante que aparece aquí como quien confiere el castigo y, por otra parte, concede la recompensa; a quien se hacen advertencias:

“Así con dificultad, no con tranquilidad, ejerces el señorío, el gobierno; así ayudas a su agua, a su monte (su pueblo), a su estera, a su sitial de Dios.

“Y ahora, esfuerza a tu corazón, a tu cuerpo. ¿A quién en verdad dejarás (en el mando)? ¿A quién en verdad observas? Porque ya eres madre de la gente, padre de la gente; porque ya educas a la gente, ya la instruyes; eres protector, amparador, grande es la carga, grande es tu responsabilidad, porque eres ceiba, ahuehuete, porque das sombra, das protección; porque eres apoyo, das abrigo; eres alivio, eres remedio”.

Esta es una hermosa representación, incluso poética, de las tareas del gobernante, especialmente de las labores de asistencialismo. Y sigue:

“En tus manos se resguardan del calor, se protegen del sol. Y porque en tus manos está colocada la vasija de jade, ahí están las aguas de colores en las que están las cañas cubiertas de rocío para que sobre las personas las sacudas. Así lavas a la gente, la bañas; y en tus manos yace la gruesa escobeta, el ancho peine con que aderezas a la gente, con que peinas a las personas. Y en tus manos yace el alacrán, la ortiga, el agua fría (para el castigo); la vara delgada se la haces morder a la gente; así educas, así instruyes. Y en tus manos yace la caña, la arena fina, el junco grueso con el que raspas, con el que adelgazas, con el que pules.”

Y, finalmente, el emocionado exhorto:

“Y en tus manos está el gran espejo, la gruesa tea con la que vienes a observar sobre el agua, sobre el monte (la ciudad), con la que vienes a ser mencionado, honrado. Así llevas, así conduces, guías, haces seguir el camino, porque te has hecho madre, te has hecho padre. Te ha favorecido el dueño de la tierra, Dios; dale honra, enaltece su atributo de madre, su atributo de padre, su carga, su señorío, su gobierno, su fama, su honra. Así esfuérzate mucho, afánate, fortalécete, date ánimos; así llora, entristécete, así avívate mucho, observa bien porque es difícil, porque es pesado lo que sobre ti ha dispuesto el Señor Nuestro. No te abandones al decaimiento, no te quedes a la zaga, no pierdas el gobierno, no pierdas el mando; no te arrojes al agua, no te arrojes al despeñadero; no desmayes, no desfallezcas.”

Esto es tan hermoso, tan poético, tan sabio, que debemos seguir escudriñando en la antigua palabra, huehuehtlahtolli, en otras circunstancias de la vida, como ahora para saludar, para exhortar a las autoridades electas, a nuestros futuros gobernantes.

¡Hasta siempre!