Otra vez la alternancia en Chihuahua

Por: Francisco Rodríguez Pérez

En Chihuahua, como en el resto del país donde hubo elecciones, el 5 de junio triunfó la democracia.

 

Si a mayor incertidumbre corresponde mayor democracia, los resultados electorales cumplieron a cabalidad con tal principio, asegurado, a su vez, por la certeza que brindan las instituciones y los procedimientos electorales.

Así se logra, de nueva cuenta, la alternancia en Chihuahua.

A ese aspecto, le acompañan otros fenómenos políticos de la mayor trascendencia: en la capital, por primera vez, llega una mujer a la alcaldía, mientras que la ciudad más grande y una de las más importantes ciudades medias, serán gobernadas por candidatos independientes.

Los resultados en Chihuahua acaban con el mito político de echarse a la sombra de gobernantes o candidatos que puedan cobijar sus aspiraciones.

Otro aspecto que resalta es que no es el dinero el que hace triunfar a los candidatos y los partidos: las candidaturas independientes, en el estado y en la capital, de rancio abolengo empresarial, perdieron a pesar de que, o precisamente por ello, concebían los puestos públicos como una compra-venta, un asunto comercial, una transacción empresarial…

En fin, la ciudadanía chihuahuense el 5 de junio salió a votar y supo cómo hacerlo.

La democracia liberal –a la que me he referido en reiteradas ocasiones– funcionó cada vez más afinada en sus instituciones y procedimientos electorales, en especial desde sus diversas concepciones del voto.

La competencia electoral se vuelca, ahora, en democracia gobernante, para situarla en otro nivel, en otro ámbito, en el de la gestión pública.

La democracia representativa y la democracia participativa, se están consolidando, cada vez más, como ocurrió el domingo en Chihuahua y en otras entidades de la república.

Con los resultados electorales del 5 de junio, hay tendencias que llevan a la participación de la ciudadanía, primero en lo electoral y luego en la gestión de los gobiernos democráticos.

Se ha consolidado el sistema electoral, con sus instituciones y sus procedimientos.

Desde los elementos y principios de la democracia se desarrollan las reglas del juego para obligar a los gobernantes a rendir cuentas, para no permitir más la utilización patrimonialista del Estado, en donde se manejaban los recursos públicos como parte de la vida privada.

La democracia exige la distinción entre lo público y lo privado, al enseñar que los gobernantes sólo temporalmente manejan los recursos de todos y no tienen por qué adjudicárselos.

La ciudadanía tiene derecho de ser informada acerca de las acciones y actitudes de los gobernantes, así como la obligación de utilizar los mecanismos de vigilancia de los recursos públicos y promover las sanciones a la ilegalidad.

En la actualidad, la transparencia respecto a la información de los gobiernos plantea mecanismos deseables para la rendición de cuentas y para combatir la corrupción, apoyada en otras estrategias de lucha contra la impunidad.

La transparencia y la rendición de cuentas tienen que involucrar a la ciudadanía para exigir al gobierno cuentas claras tanto de los recursos públicos como de los objetivos y resultados en su desempeño, es decir, la eficacia y la eficiencia gubernamentales.

La rendición de cuentas desde el gobierno y el combate a la corrupción y la impunidad, encuadran nuevas políticas públicas.

Con los resultados electorales en Chihuahua y buena parte del país, se han conseguido el sufragio efectivo, el pleno desarrollo de las libertades cívicas, la competencia por los espacios públicos, y la participación ciudadana.

Insistamos en las diversas concepciones del voto: con el sufragio efectivo, se asegura a la sociedad de la opresión y la depredación a cargo de los funcionarios a los que la sociedad emplea para defenderla; la ciudadanía se protege frente a los abusos de los gobiernos.

La ciudadanía, con mecanismos de protección, muestra un interés directo en los actos del gobierno, y un incentivo para participar activamente, por lo menos hasta el punto de votar por el gobierno o en su contra.

Con los resultados electorales atestiguamos el advenimiento de asociaciones democráticas pluralistas y no partidistas.

Crece la posibilidad para que la ciudadanía se adjudique mayores responsabilidades, para exigir el cumplimiento de los fines del gobierno.

Así, el gobierno no es el problema, la preocupación se centra más bien en el público para que se ordene, se organice, se conjunte, y se movilice al expresar sus intereses.

La democracia parte del supuesto de que el sistema político debe adaptarse a una sociedad plural y elitista.

El método democrático se ha convertido, una vez más, en el mecanismo institucional para alcanzar decisiones políticas.

La sociedad y el gobierno plantean simetrías en la actividad ciudadana. Cada vez más se borra la distancia entre las clases gobernante y gobernada en el país.

Efectivamente, la democracia descansa sobre la responsabilidad de la ciudadanía.

La democratización transforma al país en sociedad regulada por leyes y al Estado en representante de la sociedad, al mismo tiempo que limita su poder mediante los derechos fundamentales.

Así las cosas, los resultados electorales en Chihuahua y otras entidades del país demuestran por qué a mayor incertidumbre mayor democracia, al mismo tiempo que a mayor certeza de las instituciones y los procedimientos electorales corresponde también mayor democracia. ¡Hasta siempre!