La importancia de llamarse Enrique

Por: Francisco Rodríguez Pérez

Almajuarense

El pasado domingo 3 de abril de 2016, cuando iniciaron  las campañas de los candidatos a la gubernatura del estado de Chihuahua y comenzó la ruta hacia la definición de quien conducirá los destinos de esta entidad consideré propicio escribir acerca del candidato con todas las posibilidades de triunfar: Enrique Serrano Escobar.

 

Así como Óscar Wilde jugó con la palabra Ernest, podemos referirnos a la importancia del nombre del candidato a gobernador de Chihuahua por el PRI, Verde, PT y Nueva Alianza.

“La importancia de llamarse Ernesto”, es un juego de palabras intraducible al español, porque para ser válido sería algo como “La importancia de ser Honesto” o “La importancia de llamarse Honesto”.

Más allá de la gracia y el juego, “la importancia de llamarse Enrique” significa reconocer, desde el nombre mismo, la trascendencia del candidato con las mayores posibilidades de suceder a César Horacio Duarte Jáquez.

Enrique es un nombre propio masculino de origen germano, que procede del alemán Heinrich, de haim (morada, casa, patria) y rich (jefe, amo, líder), por lo que significa “Amo de la casa” o “Jefe de la patria”. Enrique, que también significa, “Príncipe”, tiene en Henry una variante muy socorrida.

De acuerdo a las características del nombre, Enrique es independiente, honesto y directo en sus opiniones; es responsable y tiene facilidad para hacer amistades.

El nombre se celebra el 13 de Julio, en honor a San Enrique, nacido en el año 972 y fallecido en 1024. Nieto de Carlomagno y sucesor de los tres Otones, fue el más grande apóstol de la paz en el segundo decenio del siglo XI y uno de los más destacados promotores de la civilización occidental, colaborando a la labor del Papado y de los monjes de Cluny, de cuyo Abad, San Odilón, fue gran amigo.

Enrique pudo dedicarse al cultivo de las Letras, bajo la dirección de Wolfgang, el santo Obispo de Ratisbona. Wolfgang no sólo forma su inteligencia, sino también su voluntad, dándole una esmerada educación cristiana y una sólida piedad.

A la muerte de su padre, hereda el ducado y se convierte en uno de los príncipes de mayor porvenir de Alemania. Con su carácter recto y justiciero atiende a las necesidades de su pueblo, gobierna con mano al mismo tiempo fuerte y suave. Sabe comprender y no es vengativo. Prefiere perdonar que castigar y busca antes el provecho de sus súbditos que sus propios intereses.

En el año 1002, los electores del Sacro Imperio Romano-Germánico le nombran para el cargo imperial. Acaba de morir Otón III, sin sucesión directa.

La fama de Enrique, su sinceridad y nobleza, son reconocidas por todos, y saben que será el emperador ideal. La ascensión al trono imperial es para el duque de Baviera una empresa difícil. Surgen contrincantes que ha de vencer, sublevaciones para dominar, querellas entre los señores feudales que ha de sofocar, pero Enrique con su fiel ejército atiende a todo. Con su prodigioso genio militar sabe triunfar, pero no abusa de la victoria. La justicia rige todos sus actos.

Pocos reyes tuvieron, ya en vida, tan buena fama y muchos menos fueron venerados y gozaron del amor de sus súbditos como este nieto de Carlomagno, canonizado el 1146 por S.S. Eugenio.

San Enrique realizó lo que a muchos puede parecer imposible: ser emperador, vivir continuamente ocupado en los problemas públicos y entre guerras, y llegar a santo.

Hay otras personas célebres con el nombre "Enrique" (numerosos reyes de Francia, Alemania, Inglaterra y España), Enrique Santos Discépolo (compositor), Enrique Banchs (poeta), Henry Ford (empresario de la industria automotriz), Enrique Pinti (actor cómico), y hasta Enrique Iglesias (cantante).

Enrique Serrano Escobar, el personaje que queremos destacar hoy, nació el 14 de mayo de 1958 en Altar, Sonora.

Pero es Juarense desde los 15 días de nacido.

Es Licenciado en Economía por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez y en Administración Pública y Ciencia Política por la Universidad Autónoma de Chihuahua, y estudió la Maestría en Administración en el Instituto Tecnológico de Monterrey.

Miembro del Partido Revolucionario Institucional desde que tenía 18 años, ha trabajado en la Secretaría de Programación y Presupuesto, la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial, en la Subdelegación del Instituto Mexicano de Comercio Exterior. Ha sido Secretario Particular, Oficial Mayor y Presidente Municipal de Ciudad Juárez, además de Diputado Local y Federal, y suplente de Senador de la República.

En la Iniciativa Privada ha sido gerente del Parque Industrial Bermúdez y de Inmobiliaria Saman, así como accionista y presidente del Consejo de Administración de Helados Yogui, además de accionista y secretario del Consejo de Administración de la empresa que opera el restaurante Viva México.

Si San Enrique, el emperador, vivió continuamente ocupado en los problemas públicos, entre guerras, pero llegó a convertirse en santo, por qué no pensar en que Enrique Serrano puede ser Gobernador y, como San Enrique, con carácter recto y justiciero atienda las necesidades de su pueblo, gobierne con mano al mismo tiempo fuerte y suave, para que, antes que sus propios intereses, busque el provecho de los chihuahuenses. No cabe duda: la importancia de llamarse Enrique. ¡Hasta siempre!