Teoría del Juarense

Sepa por qué Cd. Juárez

es “un nido de tolerancia”

Por: Francisco Rodríguez Pérez

Almajuarense

Lo prometido es deuda: continuaré ahora con la serie de artículos dedicados al ser, a la identidad, al alma juarenses.

 

Reseñaré, al menos en parte, la obra “Teoría del Jarense” (Editorial Almuzara, España: 2007), del antropólogo Ricardo León García, quien arroja bastante luz al respecto, de una manera por demás divertida, sin perder por ello la profundidad y el interés académico de este libro que, insisto, debe ser imprescindible en el contexto cultural juarense.

La obra de Ricardo León ha sido comparada por César García, Maestro en Investigación Interdisciplinaria por el Colegio de Chihuahua, con “una radiografía”, pero que enfoca los aspectos cultural y social de nuestra hermosa ciudad fronteriza y de sus habitamos.

Dice García: “Para hablar de ‘juaritos’ en ocasiones se ha recurrido al amarillismo o a la ‘fantochería’ académica; en otros momentos sencillamente se han quedado cortos los comentarios al respecto”.

Ricardo León, en cambio, realiza un acercamiento “…para seguir hablando bien o mal de un punto minúsculo en el universo pero en el que a diario conviven casi dos millones de personas…”; para entenderlo tiene uno que “…aprender a sentir, a ver, a oler, a escuchar, a palpar todas esas historias, pequeñas, enormes, a veces con apariencia de insignificantes, pero que son las que arman un escenario completo…”

Concebido y descrito como “un glosario, guía, manual o algo parecido”, León divide en varios bloques la vida fronteriza. Así aparecen, tanto en su esquema cuanto en sus conceptos y fundamentación aspectos como la alimentación, sus prácticas, los lugares, los personajes y el paisaje fronterizo.

El autor propone que una manera de conocer mejor nuestra frontera es a través del estómago, “echándole botana al cuerpo”: Alimentos, Burritos y Carne Asada, destacan entonces en este glosario, manual, y, en este caso, guía culinaria, con referencias específicas para dar gusto al paladar.

Los burritos, por ejemplo, constituyen un elemento consustancial del modo de vida juarense. Esa variedad de guisados, envueltos en tortilla de harina, tiene categoría gourmet: aunque empezaron con frijoles refritos, el tiempo y las múltiples culturas agregaron una gran diversidad de guisos.

Para entender lo “teórico” de estos elementos, el autor plantea la importancia de los alimentos juarenses para desarrollar la vida social del fronterizo: alianzas comerciales,

lazos matrimoniales, compadrazgos, celebraciones patrióticas, graduaciones y un sinnúmero de pretextos.

Otro apartado relevante se refiere a los Personajes de la frontera y sus representaciones. El ejemplo obvio es Benito Juárez y, en este caso, la conmemoración del bicentenario de su nacimiento. León se refiere también a los cigarreros juarenses, el fuereño y el Juanga, los hábitos juarenses, las estrategias para ocupar el desierto, el caló juarense, el reciclaje, el puente/The border, entre otros temas.

Interesante es que a pesar de todo lo que se dice aquí y allá de esta ciudad, ella da albergue y sustento para quien quiera, decida o tenga que radicar en ella porque no le queda de otra.

Juárez se convierte en un “nido de tolerancia”, como dice el autor, en el que pueden convivir personas de todas las ascendencias, tradiciones y religiones; toda esa población de inmigrantes, estacional o permanente, ha colocado a “juaritos” como una ciudad migrante, colgando así los juarenses de nacimiento una etiqueta que dice “especie en peligro de extinción”.

En fin, “Teoría del Juarense”, presenta la manera en que se desarrolla la vida social y cultural de nuestra frontera; plasma en cada una de sus páginas la esencia de sus habitantes, prácticas usos y costumbres, para realizar las cosas, para relacionarse como sociedad y comunidad ante un mundo de “primera”, como lo es la sociedad “gabacha”.

Ciudad Juárez, no solamente se distingue por los acontecimientos buenos o malos que le han otorgado su fama como ciudad de perdición, o donde la vida del narco es la única que se conoce.

Aquél que nunca ha tenido un contacto con esta ciudad puede llevarse una grata sorpresa si presta atención a cada una de las sugerencias que le hacen y se da tiempo para que a través de los sentidos pueda experimentar el estar o haber transitado por esta frontera, complementa el comentario de César García.

Prestando atención a lo visual, a lo sensitivo, a lo táctil, a los olores y sabores, el lector se dará cuenta que la ciudad ofrece un paisaje distinto en cada una de sus áreas, zonas o barrios. Desde cada uno de ellos y cada una de esas ubicaciones el paisaje juarense se engalana y ofrece un espectáculo que hace que el entorno norteño ofrezca un cálido recibimiento al visitante, fuereño, inmigrante, e incluso al invasor, que llega a esta ciudad.

Así que esta cuestión del ser, la identidad y el alma juarenses, todavía nos da la posibilidad de seguir escudriñando para que podamos entender la centralidad política, la base gravitacional de la participación ciudadana en que se está convirtiendo Ciudad Juárez. ¡Hasta siempre!