Enrique Serrano: el ser Juarense

Por: Francisco Rodríguez Pérez

Almajuarense

“Nadie escoge dónde nacer…”, dice Enrique Serrano Escobar. A él le pasó: concebido y formado en Ciudad Juárez, nació en Altar, Sonora, tierra de su santa madre, a donde fue llevado en el vientre, como Jesús a Belén. “Pero sí dónde vivir”, agrega el precandidato del PRI al Gobierno del Estado de Chihuahua.

 

Su tierra lo llamó: a los quince días de nacido regresó a Ciudad Juárez, para seguir siendo Juarense y desde entonces ahí vive. Por tanto nadie puede negar que es Juarense como los cientos de miles de personas que han llegado, de diversos lugares del país y del mundo, a esta bendita tierra y la han adoptado para quedarse.

Aunque hoy es tiempo de hablar de lo que para Serrano es el inicio de “una nueva etapa que cambiará el destino de Chihuahua”, con la reciente presentación del contenido de la Plataforma Política 2016, piedra angular y eje rector de la oferta priista para los chihuahuenses en este proceso electoral, permítanme referirme, antes, a la esencia, al ser, al alma, a la identidad juarense, ya que, evidentemente, Ciudad Juárez será, después de mucho tiempo en espera, el centro gravitacional de la política estatal.

Serrano tiene muy claro que desde Juárez, “comprometido a seguir impulsando su desarrollo”, desplegará su trabajo por el bien de Chihuahua y de México.

A él, a los juarenses de origen y de adopción, incluso a los que llegan por tránsito o expulsión, está dedicado este análisis en tres actos.

El primero es la referencia al inmenso poema “La rosa de los vientos”, del “Poeta Chaveñero” Armando Borjón Parga, que inicia así, con gran fuerza de expresión: “Ciudad Juárez, ciudad mía / que te yergues orgullosa / noble, altiva, generosa / hospitalaria y bravía”.

Hay una descripción amorosa en todo ese poema: “Juárez, mi tierra querida, eres Rosa de los Vientos, eres tierra prometida”.

No quiero transcribirlo, más bien les invito para que lo vean y lo escuchen en la voz y las imágenes de mi compadre, Carlos Murillo de la Cruz, quien lo declama como nadie en:

(https://www.youtube.com/watch?v=4CHamfMgYwg).

El segundo acto es el imprescindible libro “Teoría del juarense” (Editorial Almuzara: 2008), del antropólogo Ricardo León García: “Juárez no es sólo maquiladora, migrantes, mujeres muertas, vicio; es algo más. Juárez es una ciudad de tolerancia donde podemos vivir tranquilos; ciudad con historia que conjunta las historias de todos nosotros”, como dijera el autor hace ocho años.

Además de Ricardo León, en aquella presentación participaron Manuel Pimentel, director de la editorial en España, quien dijo que el texto era un “acercamiento inteligente y humorístico a una identidad”; así como dos maestros e investigadores de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez: Margarita Salazar Mendoza, analizó la estructura de la obra organizada como glosario y ponderó su “ironía, optimismo, seriedad, mesura, en fin, buen humor”, y Carlos González Herrera, quien la definió como “un canto a la diversidad de la vida y un llamado, entre líneas, a la tolerancia”.

Ya que en cuatro mil caracteres no puede abarcarse el riquísimo contenido de los textos que entonces leyeron Salazar Mendoza y González Herrera, les prometo que seguiré con el análisis, debido a su gran importancia para definir el ser y el alma juarenses.

El tercer acto de esta colaboración es un texto de Gabriel Rayos García, profesor en la UACJ, licenciado en Historia de México y Maestro en Investigación por el Colegio de Chihuahua: “La Heroica Ciudad Juárez, cuatro elementos identitarios: La frontera, la maquila, los centros o plazas comerciales y lo norteño”, publicado en el número 33, Septiembre-Octubre de 2014, de la revista Desde el Volcán.

Mucho más denso y complejo que los anteriores, apunta a las entrañas del ser y el alma juarenses, desde las diferentes situaciones que han acompañado la conformación histórica de Ciudad Juárez.

Rayos García sostiene que entre otros aspectos, el modo en que organizamos nuestras vidas, la forma en que nos vestimos, nuestras maneras de construir y modificar el entorno, los diversos trabajos que desempeñamos para ganarnos la vida, los valores y creencias, las maneras de relacionarnos con los otros, las narraciones sobre nuestras vidas e historias, por sólo poner algunos ejemplos, están marcados por los procesos de identidad, tanto de las identidades individuales como de las colectivas.

Hay otros autores, como Ricardo Aguilar Melantzon, que nos acercan al ser juarense, chicano y fronterizo. Habrá que seguir trabajando estos elementos de la identidad juarense, en una próxima serie de artículos.

Mientras tanto: ¡Qué vivan el ser y el alma juarenses, para Chihuahua, para México, para el mundo!

¡Qué Enrique Serrano Escobar siga siendo el juarense de toda la vida!

Que Ciudad Juárez recupere la centralidad geopolítica en el Estado y en el país, que nunca estuvo perdida, pero que sí anduvo extraviada.

¡Viva Ciudad Juárez!

¡Hasta siempre!