Bisiesto

Evocación de Amor Inmortal

Por: Francisco Rodríguez Pérez

Almajuarense

Si “bisiesto” es sujeto, adjetivo, adverbio, no importa; si es ajuste en la “medición” del tiempo o imprecisión cronológica, tampoco. Para mí significa dolor, duelo, pérdida, ausencia, tristeza: el “bisiesto” anterior, murió físicamente Elisa Gil Martínez, mi Amada Inmortal, mi Eterna Esposa, mi Perene Compañera, mi Reina Santa.

 

Hace cuatro años, exactamente, tuve el dolor, ¿cómo decirlo?, más doloroso, porque lo sentí desde lo hondo de mi ser; un dolor que pegó no sólo en mi cuerpo todo, sino en mi alma, en mi espíritu; un dolor que se quedó en mí.

Pero también, “bisiesto” es un vocablo que para mí, para nuestra familia, evoca memoria, recuerdo, esperanza y, sobre todo, amor, mucho amor, todo el amor. Recordar es volver a vivir, por eso recuerdo a Elisa, para que vuelva a estar viva, para que siga entre nosotros.

Ya les he dicho que el 17 de septiembre de 1956, mi Reina Santa y yo, ambos adolescentes, nos conocimos en la hermosa Ciudad Juárez, en el cruce de las calles 16 de septiembre y Avenida Lerdo.

Allí iniciamos un diálogo amoroso que, desgraciadamente, se truncó a las 5 de la mañana del 29 de febrero de 2012.

Aquel día “bisiesto”, que hoy se repite, como ocurre cada cuatro años para ajustar el calendario que marca nuestras vidas y nuestros tiempos, Elisa y yo estábamos dormidos. Ella despertó. No podía respirar. Platicamos:

– “¡Apóyate en mí, mi’jita”, le dije, para llevarla de la cama al sillón. Le di besos en su cabeza y en su frente. Ella se apoyó. Me abrazó y me dio un beso también.

La senté en su sillón, en lo que me levantaba para preparar un té. En unos minutos regresé a su lado, vi que seguía en la misma posición. Me percaté que no había respiración. Traté de despertarla y no reaccionó. Le hablé a una de mis hijas, quien vive enseguida. Ella se encargó de hablar a los servicios de urgencia.

– “No tiene signos vitales”, nos dijeron al revisarla…

Allí se quedó dormida, como una Santa. Cerró sus ojos y cayó en un profundo sueño. Dejó de respirar. No hubo estertores. Fue lo más hermoso que uno esperaría para morir… Un paro. Así nomás.

Por eso, para mí, para nuestra familia, “bisiesto” no es un año, sino un período de cuatro años de ausencia, de vacío, angustia y desesperación, pero también de esperanza, recuerdo, memoria, agradecimiento y amor…

Cuando uno encuentra algo más importante que uno mismo ha logrado la trascendencia: Elisa, es más importante que yo. Nuestros frutos, es decir, nuestros hijos y nietos, son más importantes que yo. Hemos trascendido, juntos, en ideas, palabras y acciones…

Los psicólogos suelen decir, insensibles, que el “duelo” debe durar un año, pues para mí no puede durar un año cuando todavía me duele la ausencia: “bisiesto”, o no, hay días en que sigo yendo al camposanto para orar, para platicar con Elisa.

Este día, uno de los más tristes de mi vida, me deja como a “Martín Santomé” cuando se enteró de la muerte de “Laura Avellaneda”, en “La Tregua” de Mario Benedetti y sólo fue capaz de escribir, repetidamente, dos palabras en su diario: “Dios mío”…

Y como en “Última noción de Laura”, poema también de Benedetti, sé que Elisa querría tener todo el tiempo del mundo para seguir queriéndonos; que como Avellaneda sentiría morir sólo de aproximarse a mi tristeza…

Sé que Elisa, como Avellaneda, hubiese querido seguir luchado para seguir viviéndonos… con el sencillo coraje de querernos, de amarnos.

Como Santomé, al decir “Avellaneda”, de algún modo había inventado ese nombre con su amor, así fue de mí para Elisa.

Avellaneda le dice a Santomé que él es su hombre, que ella es la que abandona y flaquea; nosotros no nos abandonamos, ni flaqueamos, gracias a nuestro Amor Inmortal.

Como los personajes de Benedetti, este día bisiesto supe qué triste es ver cerrarse la alegría, sin previo aviso, de un brutal portazo, al alejar a dos seres que estaban tan cerca como nosotros; porque vivir es eso: estar cerca.

No sabía, como Santomé y Avellaneda, qué oscura, qué lejana, qué callada es la muerte y qué sola queda sin la vida del ser amado…

Año bisiesto, es una expresión que deriva del latín bis sextus dies ante calendas martii (repítase el sexto día antes del primer día del mes de marzo), que correspondía a un día extra intercalado entre el 23 y el 24 de febrero por Julio César. En el calendario gregoriano, elaborado por el papa Gregorio XIII, este día extra se colocó al final de mes (29 de febrero).

Este día se añade para corregir el desfase que existe entre la duración del año trópico y el año calendario de 365 días.

Cuando es necesario calcular magnitudes de tiempo en años, los bisiestos suelen alterar el resultado y dificultar las operaciones físicas, matemáticas, astronómicas, etc.

El 29 de febrero del 2012 me alteró para siempre.

El bisiesto será un día de tristeza y de duelo para mí y nuestra familia; pero también de presencia, recuerdo, memoria y, sobre todo, amor, porque evoca el Amor Inmortal de Elisa, mi Eterna Esposa, Mi Compañera Perenne, mi Reina Santa, quien ha trascendido en el amor y sus frutos que son nuestros hijos y nuestros nietos. ¡Hasta siempre!