Los Riesgos con “Candidatos Independientes”

En defensa de la Política

Ala izquierda

Por: Francisco Rodríguez Pérez

Si en diversas ocasiones me he ocupado de la política como tema de análisis, el arranque de las precampañas es un buen pretexto para volver a hacerlo, sobre todo cuando hay voces peligrosas que, desde la política y los procesos electorales, hablan mal de la política, de los partidos y de la democracia en aras de posicionar su discurso de supuestos “candidatos independientes”.

 

Por la profusión de los mensajes, por los ilimitados recursos económicos con que cuenta, por su insistencia en descalificar nuestra democracia y nuestras instituciones, José Luis “Chacho” Barraza es la voz que trata de enarbolar, para su causa, el descontento ciudadano, pero, consciente o inconscientemente, lo hace desde un discurso y una posición sumamente peligrosa.

Repite, sin mayores análisis o argumentaciones, unas cuantas frases con el objetivo concreto de descalificar y debilitar a los partidos políticos en particular y a los políticos en general, como si su participación en esta contienda electoral no fuera un asunto político y como si él no fuera político en su nueva faceta.

Además de otras voces en el estado, ese discurso tan peligroso, busca privatiza el quehacer político y corporativizar el esfuerzo de los candidatos independientes, que de aislados y libres tratan ahora de ser ahogados desde una dirección empresarial basada en el dinero, público y privado, que trata de negar los valores de la política y los partidos políticos, las instituciones y los procedimientos electorales.

Ya lo advierte Fernando Savater en su obra “Ética para Amador”: hay consignas que se escuchan por todas partes como «¡La política es una vergüenza, una inmoralidad! ¡Los políticos no tienen ética!».

Y eso se repite millones de veces y en millones de lugares.

Sin embargo, como aclara el propio Savater, “lo más prudente es desconfiar de quienes creen que su “santa” obligación consiste en lanzar siempre rayos y truenos morales contra la gente en general, sean los políticos, las mujeres, los judíos, los farmacéuticos o el pobre y simple ser humano tomado como especie”.

La ética, dice el autor, “no es un arma arrojadiza ni munición destinada a pegarle buenos cañonazos al prójimo en su Propia estima. Y mucho menos al prójimo en general, igual que si a los humanos nos hiciesen en serie como a los donuts.”

La recomendación de Savater es magnífica: “Para lo único que sirve la ética es para intentar mejorarse a uno mismo, no para reprender elocuentemente al vecino; y lo único seguro que sabe la ética es que el vecino, tú, yo y los demás estamos todos hechos artesanalmente, de uno en uno, con amorosa diferencia”.

De modo que a quien nos ruge al oído que “Todos los... (Políticos, negros, capitalistas, australianos, bomberos, lo que se prefiera) son unos inmorales y no tienen ni pizca de ética”, se le puede responder amablemente: “Ocúpate de ti mismo, so capullo, que más te vale”, o cosa parecida.

Luego precisa el tema: “Ahora bien: ¿por qué tienen tan mala fama los políticos? A fin de cuentas, en una democracia, políticos somos todos, directamente o por representación de otros. Lo más probable es que los políticos se nos parezcan mucho a quienes les votamos, quizá incluso demasiado; si fuesen muy distintos a nosotros, mucho peores o exageradamente mejores que el resto, seguro que no les elegiríamos para representarnos en el gobierno”.

Según Savater “quienes desean alcanzar sus cargos por vía electoral procuran presentarse al público como gente corriente, muy «humanos», con las mismas aficiones, problemas y hasta pequeños vicios que la mayoría cuyo refrendo necesitan para gobernar.

“Por supuesto, ofrecen ideas para mejorar la gestión de la sociedad y se consideran capaces de ponerlas competentemente en práctica, pero son ideas que cualquiera debe poder comprender y discutir, así como tienen que aceptar también la posibilidad de ser sustituidos en sus puestos si no son tan competentes como dijeron o tan honrados como parecían.

“Entre esos políticos los habrá muy decentes y otros caraduras y aprovechados, como ocurre entre los bomberos, los profesores, los sastres, los futbolistas y cualquier otro gremio. Entonces, ¿de dónde viene su notoria mala fama?

“Dejemos en paz a los señores políticos, que bastantes jaleos provocan ya sin nuestra ayuda”, dice Savater. Y tiene razón.

Critican la política y los partidos políticos, aquellos que basan su prestigio en que se les tenga por diferentes al común de los hombres, por su dinero, por su fuerza, por supuesta inspiración divina, por la familia a que pertenecen, o por lo que sea.

Critican la política quienes se consideran con derecho a mandar sin someterse a las reglas de los partidos políticos, ni al veredicto de las urnas, ni a escuchar la opinión de sus conciudadanos.

Quienes hoy critican la política y los partidos políticos, más tarde tratarán de llegar al poder sin necesidad de elecciones, como los dictadores, los líderes religiosos o los reyes.

Peor aún: quienes critican la política y a los partidos políticos aceptarían, sin chistar, la bota militar, los golpes de estado, los fraudes electorales, las guerras sucias y hasta los genocidios… ¿O no, Chacho? ¡Hasta siempre!

 

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