Trump y su visita a México

Por Eduardo López Betancourt

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Sin duda, el execrable Donald Trump vino a México de manera sospechosa, y por supuesto, para obtener ventajas.

Analicemos los hechos de forma puntual:

El viernes 26 de agosto pasado, fecha en que muchos no laboraron y quienes lo hicieron estaban más desesperados por irse a sus casas que por trabajar; en ese último día de la semana, supuestamente, el presidente invitó a Donald Trump y Hillary Clinton; en aquel entonces candidatos a la Casa Blanca, el primero por el Partido Republicano y la segunda del Partido Demócrata, para que vinieran a nuestra Patria.

De Hillary poco se supo, pero el lunes 29 de agosto mismo, se dio a conocer que al día siguiente estaría Donald Trump en México.

¿En verdad consideran que los mexicanos somos retrasados mentales y nos “tragamos” todas las mentiras de los dictadores?; el caso es concreto, una agenda tan compleja, como la de un candidato presidencial, de pronto se acomoda de tal manera, de un día a otro, para en lugar de ir a un pueblo de Estados Unidos, viajar a un país extranjero. Así, sin más, el terrible Trump llegó a suelo azteca y fue tratado cual Jefe de Estado, nótese, cuando todavía no lo era; inclusive, tuvo a su disposición un helicóptero de la Fuerza Aérea Mexicana, se le recibió en Los Pinos y, por si fuera poco, habló en un micrófono, donde en la parte inferior del mismo se encontraba el Escudo Nacional Mexicano.

Los hombres de la Presidencia de México, aseguran era conveniente esa visita, empero lo increíble, es que se hiciera de modo tan vertiginoso y sospechoso, algo que fue tangible, ya que las encuestas estaban a la baja en el caso de Trump. No obstante, al venir a México y darle un trato de alto dignatario, sus preferencias electorales mejoraron, para que ahora sin duda sea Presidente del país vecino.

Esta visita “escamada” ¿quién la organizó?, se asegura que la señora de Relaciones Exteriores no intervino, que todo lo hizo el ex secretario de Hacienda, el gran “cuate” del “mero mero”.

Lo cierto es que hubo “gato encerrado”; ¡qué “casualidad” que haya ocurrido una visita tan rápida, sin duda armada para beneficiar al crápula Trump en un momento crítico de su campaña!

Las preguntas surgen: ¿Cuánto le costó a Trump ese viaje a México?, ¿quién se lo pagó?, ¿qué compromisos inconfesables se tuvieron?; lo anterior, es sólo parte del planteamiento de lo que sucedió el martes 30 de agosto; obviamente, el “manda más” está tan endiosado, que le importa un bledo la ciudadanía mexicana; sin embargo, todavía asegura ser su Presidente, algo que sólo es cierto en teoría, porque en la práctica ha perdido autoridad y respetabilidad. Sus permanentes yerros, mentiras y fraudes, que van desde la famosa “Casa Blanca de Las Lomas, hasta su incultura en la geografía nacional, confundiendo las entidades federativas, precisando que hay capitales como Boca del Río, Veracruz; son casos que lo exhiben de manera triste, sin dejar de lado su desconocimiento en el rubro literario.

Mención aparte merece la venalidad desmedida, al favorecer a sus amigos constructores; en general, la fullería ha sido una de las más importantes y significativas características de la actual administración; hasta la “primera dama” prefiere vivir en Miami, porque no le gusta México.

Evidentemente, el Presidente dejó ver que su favorito para encabezar a la nación más poderosa del orbe es Donald Trump, a pesar de que sabe odia a nuestros connacionales, los quiere sacar de Estados Unidos a como dé lugar, se aferra en construir un patético muro, agregando que los mexicanos lo pagaríamos.

En fin, fue innegable el grave error que cometió un Presidente de Facto, más no de Derecho y mucho menos legitimado.

Tal vez llegó el momento que el pueblo, al igual que lo hacen en otras latitudes, salga a la calle para pedir la destitución de esos maquiavélicos gobernantes encumbrados, que tanto daño le hacen a nuestra amada República.

Incuestionablemente, el primer mandatario azteca contribuyó, y tal vez de manera decisiva, para que Trump fuera electo Presidente. Cabe subrayar, ayudar a un perverso, que tanto daño le hace a México y a todos nuestros compatriotas, es una conducta que refleja fehacientemente traición a la Patria; por desgracia bien sabemos, la impunidad aparecerá en toda su magnitud.