Trump nos tiene con el alma en un hilo

Por: Eduardo López Betancourt

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No ha triunfado Donald Trump, pero es un tema que nos tiene angustiados a los mexicanos.

El sujeto de marras amenaza con levantar un muro, sin duda recordando el de Berlín, ya que es innegable, tiene un sentimiento cien por ciento nazi; pero no sólo ello, también afirma en sus promesas de campaña este innoble ser, cuya familia por cierto vino de Europa, que ha decidido expulsar de suelo estadounidense a todos los ilegales, como él les llama, con lo cual demuestra fehacientemente que el racismo lo trae en sus genes.

Análogamente, el Tratado de Libre Comercio no le convence a Trump, piensa renunciar al mismo; aunado a lo anterior, comenta que subirá los aranceles para perjudicar a los productos mexicanos; el crápula, hasta en el tema de las Visas piensa hacer daño, ya que las actuales, que cuestan 170 dólares, y que por cierto es a todas luces un acto indebido y venal, el “ojeroso” mefítico, piensa aumentarlas 10 veces más.

En fin, no hay precedentes del comportamiento agresivo de Mr. Trump, sólo se asemeja con las injustas guerras que nos declararon los “gringos”, para robarnos más de la mitad de nuestro territorio.

De todo le echamos la culpa a Donald Trump, si el peso se devalúa es por culpa de él; inclusive, se responsabiliza al innoble tipejo por tratar de crear un ambiente de tensión, que puede desembocar en una declaración de guerra.

La alternativa sin duda es que triunfe la señora Hillary Clinton, muchos piensan que así será, pero no hay duda que los norteamericanos, sujetos fácilmente manipulables, pueden decidirse en noviembre y llevar a la Casa Blanca al inicuo e impresentable Donald Trump. Ante lo anterior, se deben obligadamente tomar providencias, las cuales en definitiva nunca podrán presentarse en un gobierno adepto e incondicional al republicano.

La salida de Luis Videgaray, sólo demostró la irresponsabilidad de una administración, con la aviesa invitación que se le hizo a Trump.

Lo innegable, es que la serie de graves errores en que ha incurrido el “mero mero”, han puesto en riesgo grave al país; no solamente se ha afectado nuestra soberanía, sino que la economía está en condiciones aciagas; ello nos debe obligar a la reflexión, para optar por la opción más adecuada, que sin duda es la salida de quien reside en Los Pinos; sin embargo, ello no será fácil, porque aunque existe una inmensa mayoría de connacionales que desean se vaya; él no estará dispuesto y eso es lo grave, va gastar todo el dinero que sea necesario para mantenerse en el poder. Una muestra se dio el pasado 15 de septiembre, donde no le dolió gastar “a manos llenas” para atiborrar el Zócalo de incondicionales. En ese renglón van incluidos camiones, agua, alimentos y  propinas, entre muchos otros gastos inútiles que bien pudieron servir para arreglar escuelas o surtir medicinas en hospitales del sector público.

Sobra apuntar, se impidió el ingreso al Zócalo, a todo aquel no “acarreado”, usando el más mínimo pretexto; por ejemplo, si se traía una pluma, esto es, un bolígrafo, de forma inaudita, para los “militaroides” y cuadrumanos policías, dicho objeto representaba un peligro y la persona no pasaba; esto es, se impidió el libre tránsito a los mexicanos, lo cual está prohibido en la Constitución, empero a los altos mandatarios aztecas eso no les importa, les fascina pisotear nuestra Carta Magna, les tiene sin cuidado lo que en ella se marca y muestran su falsa e innoble sonrisa.

La mejor forma de sancionar a un mal gobierno, es con la salida de quienes lo encabezan, y así crear un precedente muy importante, ya que quien posteriormente ocupe la Presidencia, entenderá que no hay cabida para la impunidad, y que inclusive puede irse a la cárcel, como sabiamente ha sucedido en otras naciones; asimismo, debe responder por el sinnúmero de beneficios que otorgó a sus “amiguitos” o incondicionales, también, al ser culpable del retraso que mantiene su nación por los incontables y graves actos de corrupción, creando lo que sin duda es un Estado Fallido.

Cuando se sanciona a un asesino, no es para revivir a la víctima, es para aplicarle un castigo en su justo peso y medida por el daño causado, como claro ejemplo de que nadie está por encima de la ley.

La alternativa, insistimos, es unir esfuerzos y exigir la salida de los malos dignatarios, amén de promover cambios altamente productivos, sobre todo en el contorno democrático, que deberá tener efectos positivos en los renglones de la economía y la justicia.

Mientras tanto, Donald Trump continúa hablando sandeces y mantiene el alma de los mexicanos en un hilo.