La dramática pobreza mexicana

Por: Eduardo López Betancourt

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Si el dinero que gasta en publicidad el gobierno, en todos sus ámbitos, se destinara para combatir la pobreza, definitivamente ésta sería mucho menor.

Lo cierto, es que las esferas oficiales tienen partidas, en verdad multimillonarias, para pagar a la radio, televisión y medios impresos, con el fin de difundir supuestos logros y rendir culto a la personalidad de los hombres del poder. Los hacen aparecer como si fueran excelentes servidores públicos, difunden sus discursos huecos, donde se jactan de haber realizado una y mil cosas por la ciudadanía, empero al pueblo ya no lo engañan, la gente sabe cuál es la realidad con sus mandatarios, quienes poco o nada hacen para favorecer a sus gobernados.

El latrocinio, inmoralidad y abuso del poder, son prácticas cotidianas en la inmensa mayoría de los dirigentes aztecas; no hay proyectos serios para crear empresas donde se tenga la alternativa de combatir la pobreza, misma que no se ataca con demagogia ni populismo, ello únicamente deja más perjuicios que supuestos beneficios.

Tampoco se capacita al connacional para que esté en condiciones de desempeñar actividades adecuadas; sin dejar de lado que la famosa reforma educativa, sólo tiende a privatizar la enseñanza y marginar al pueblo de cualquier alternativa correcta, en cuanto a la necesidad de que los trabajadores tengan ingresos legítimamente obtenidos por su trabajo.

Insistimos, otorgar ayudas, que son siempre modestas e irrelevantes, no es la solución. No significa que estemos en contra de becas o ayudas a madres solteras, igualmente para ancianos, inclusive para desfavorecidos, empero ello es una medida superficial; lo que debe efectuarse, de forma seria y responsable, es la creación de empleos, donde el obrero reciba una cantidad justa por su labor y no un miserable salario; la capacitación en este rubro es clave.

Otro sector muy abandonado es el agropecuario. Nuestro País cuenta con generosos terrenos para ser cultivados adecuadamente, con técnicas modernas que permitirían una ingente productividad; no obstante, la realidad es otra; la producción del campo mexicano, en su mayoría se realiza con métodos arcaicos, lo que al final deriva en cosechas pobres, que comparadas con las de otra naciones, resultan no sólo inexplicables, sino carentes de competitividad. El trigo y otros productos son muy caros, debido precisamente a la falta de técnicas apropiadas.

La burocracia, los malos apoyos al campo, la carencia de funcionarios competentes en esos ámbitos, entre muchas otras cosas, han hecho que el campo mexicano sea un auténtico fracaso. Hay mucho qué hacer en ese renglón, pero existe carencia de voluntad política.

Los gobernantes deben entender de una vez por todas, que estamos cansados de entes vocingleros, supuestos servidores públicos, que todo lo creen resolver con discursos demagógicos.

Nuestra República tiene gran capacidad para producir riquezas, invariablemente en el renglón forestal, y no se diga en el minero, que bien podrían explotarse para en verdad combatir la pobreza.

Respecto a nuestros mares, en toda su dimensión tenemos una enorme cantidad de productos pesqueros; sin embargo, muchos de ellos son “pirateados” por los extranjeros. Sin duda, con la debida atención y métodos adecuados, se tendría una ciudadanía bien alimentada; empero poco o casi nada se ha hecho al respecto. Resulta imprescindible crear escuelas pesqueras, cooperativas debidamente administradas, para que ese ámbito tan relevante alcance el nivel deseado. Es evidente por tanto, que se debe analizar con todo cuidado la decreciente democracia. Para el progreso, basta un departamento de pesca, otro en los rubros forestal y minero, donde se efectúen acciones directas, amén de efectivas, y al final de cuentas, seguramente en poco tiempo se verán resultados excelentes.

La pobreza no es un mito, es una amarga realidad en la que está inmersa toda la nación, hecho que se incrementa día con día; no solo existen los que poco tienen, sino aún más y de manera dramática, los que carecen absolutamente de todo.

La unión de esfuerzos resulta preponderante. El gobierno, insistimos, gasta cantidades impresionantes en publicidad; de igual forma observamos ominosas atrocidades en ridículos proyectos. Hay dependencias donde el abuso presupuestal es impactante, una de ellas, el Poder Judicial Federal, donde cada vez más se crean juzgados, nuevos centros que sirven disque para impartir justicia. Los amparos han crecido de manera impactante, todo por los abusos de quienes deben cuidar los derechos de la ciudadanía, contra los que cotidianamente se atenta.

En tanto no se entienda la conducta errónea y se busquen nuevos rumbos, la pobreza en México seguirá siendo lacerante y constituirá un peligro latente, donde de forma desafortunada e indeseada, la sociedad puede tomar medidas que no sean precisamente las más adecuadas, verbigracia, una rebelión social.