Se fue el Papa y nos dejó…..

Por: Eduardo López Betancourt

Por fin recuperamos la tranquilidad los citadinos, las calles de nuestra ciudad de México vuelven a poder utilizarse. Sinceramente, hubo excesos en los cortes de circulación, sin ningún respeto a los ciudadanos se nos afectó exageradamente, cierres de calles incluso durante 8 horas, porque, inexplicablemente, desde 4 horas antes de que pasara el Papa por el sitio, ya se estaba impidiendo el tráfico de automóviles.

 

Desde nuestro parecer, también fue un aspecto inexplicable que hicieran pernoctar todos los días al Papa en la casa ubicada en la colonia Guadalupe Inn, por cierto de un alto nivel económico, desde su arribo el viernes 12 hasta su partida el miércoles 17, todos los días aquí, cuando lo más sencillo hubiera sido que pernoctara en los sitios visitados: Chiapas, Michoacán, en último caso en Ciudad Juárez, pero se prefirió que no fuera así, que pasara todas las noches en México, lo que significó molestias con los operativos para muchos capitalinos a quienes lo que menos les interesaba era la visita del Papa, o que estando interesados, debieron sufrir consecuencias patéticas.

En realidad, nuestro pueblo, globero por naturaleza, fue de lo más feliz con la visita de su Santidad, aunque el personaje, tan destacado, no dijo nada nuevo; todos sus discursos fueron entusiastas, dignos de cualquier político priista, panista o de cualquier filiación ideológica; en algunos momentos se emocionaba al grado de que sentíamos que andaba en campaña buscando el voto popular.

Al final, el Papa no se comprometió con las causas de los desprotegidos, pues su actitud fue la de cualquier Jefe de Estado, que vino a estrechar la mano de los hombres del poder. Así, tuvo reuniones privadas con el Jefe del Ejecutivo Federal, con su esposa, existiendo por cierto una crítica severa en contra de la pareja presidencial, puesto que se asegura que se casaron por la iglesia en circunstancias sospechosas, toda vez que no tenían la capacidad jurídica eclesiástica para ello, algo que sin ser importante, sí es una muestra de la serie de situaciones que van encaminadas a que la iglesia como siempre lo ha hecho, da un trato distinto a los ricos frente a los pobres. Insistimos, desde nuestra perspectiva, Francisco vino a platicar y convivir con los privilegiados, a departir con ellos, y sólo usó a los pobres, aborígenes, niños y sobre todos a personas con capacidades diferentes como un buen instrumento para presentarse como un hombre humanitario y amoroso.

Francisco señaló en Chiapas que pedía perdón por los abusos que se han cometido tradicionalmente contra los indígenas; sin embargo, aquí lo conveniente hubiera sido que también señalara que con dinero del Vaticano se harían obras sociales a favor de los indígenas para de alguna manera resarcirles los daños históricos que les causó la iglesia a los grupo indígenas mexicanos; este acto de caridad hubiera resultado digno de admiración, que Francisco señalara que se darían algunos beneficios materiales en favor

de las comunidades indígenas, como pueden ser la colaboración en la construcción de hospitales, escuelas, carreteras, etcétera.

No hubo nada de eso, y al final de cuentas nos quedó el mal sabor de boca de que Francisco provocó que el gobierno llevara a cabo un verdadero dispendio, derrochando el exiguo presupuesto nacional en esa recepción exagerada y escandalosa.

Ahí está el ejemplo del gobernador de Michoacán, quien en verdad, como se dice, echó la casa por la ventana para recibir al Papa, algo que no era correcto, puesto que gastar el dinero del pueblo en fiestas no es precisamente lo indicado en nuestros días.

Otro aspecto que no deja de preocupar, fueron los señalamientos contundentes del Papa en el trato con las familias. Sugirió algo poco adecuado para un sacerdote, en el sentido de que hay suegras “metiches”; ello puede ser cierto, pero no es sano que un sacerdote critique la presencia de la suegra, más bien lo sensato hubiera sido que recomendara prudencia a personajes que generalmente son odiados o mal vistos por los cónyuges. También fue impactante cuando afirmó que pelearse es correcto entre las parejas, inclusive si hay platos volando cuando discuten; de nuevo, esto es un comentario poco oportuno para la situación de México, en la cual la gente se lo va a tomar con un sentido literal y va a resultar patético que el marido arroje cosas contra el rostro de la esposa o viceversa, cometiendo claramente conductas de violencia familiar, aunque sea algo que al parecer, según sugirió, para el Papa Francisco no se ve tan mal.

El Papa fue prudente, más bien insistimos, completamente político, incluso en ocasiones llegó a verse demagogo. Al final de cuentas, salía airoso, con aplausos, sin que tuviera nada que pedirle a uno de nuestros hombres del poder.

En ningún momento se comprometió con cuestiones torales, tal fue el caso de la matanza de Iguala, referente a los normalistas, respecto al cual se mantuvo en silencio con toda intención. Para él, ese tema no existió, simplemente porque supo bien (eso nadie lo duda) que el autor de esa masacre fue precisamente el gobierno, de modo que no quiso incomodar a sus anfitriones.

De igual modo, tampoco se refirió a los abusos contra menores cometidos por curas pederastas, situación que en México, por su cantidad, ha sido verdaderamente patética. Sobre eso, el Papa no dijo absolutamente nada.

Habló de generalidades, de corrupción, de picardías, pero sin afirmar directamente que los gobernantes mexicanos sean los culpables, porque a fin de cuentas, los gobernantes mexicanos son los que fueron sus anfitriones, quienes lo recibían con bombo y platillo, con regalos y ofrendas, un trato realmente lisonjero en el cual, es innegable que se quebrantó el principio de laicismo del Estado, al grado de que cínicamente, los políticos mexicanos pedían la bendición del Papa, incluso en Palacio Nacional.

Estas situaciones demuestran que no estamos nada lejos de volver a épocas pretéritas, y que la iglesia católica exija que se declare el cristianismo como la religión oficial, lo cual sería un retroceso de dos siglos.

El Papa siempre disfrutó de los buenos tratos con los gobernantes, quienes de igual manera, estuvieron felices con el Papa; finalmente, quien tuvo el control total sobre la agenda y movimientos de su Santidad fue el Estado Mayor Presidencial, son ellos quienes le dieron la pauta permanente de donde y como tenía que ir. De algún modo, fue un auténtico prisionero del Estado Mayor Presidencial.

En síntesis, que el Papa se fue sin pena ni gloria, su presencia en México no dejó absolutamente nada más que un dispendio insensato, discursos demagógicos y eso sí, la demostración de que la iglesia católica sigue siendo la misma institución elitista de siglos, que usan al pueblo, pero sus fines se logran en su cercana relación con los hombres del poder, aquellos con quienes el Papa se reunió en privado, citas en las cuales hablaron de temas que nadie conoce, pero que seguramente se reflejaran en ver cómo seguir explotando al pueblo.

El Papa se va y solo esperamos que tarde mucho tiempo en regresar, ya que será bueno recuperarnos del gasto que nos dejó el viajecito del Papa argentino.