“Sin muertos ni heridos….”

En las nubes

Carlos Ravelo Galindo, afirma: De risa.

Luego de quitar las placas conmemorativas con  el nombre de Gustavo Díaz Ordaz del Metro, por orden de Amieva. Hoy surge otra idea. Suprimir del Santoral el nombre de Gustavo.

Y en serio:                                                             

“El papel de Marcelino García Barragán en los sucesos de 1968, y en especial del 2 de octubre cuando pidió al Batallón Olimpia capturar “sin muertos ni heridos” a los líderes del movimiento estudiantil, sus diferencias con el jefe del Estado Mayor Presidencial y la explicación que éste le dio sobre los disparos en Tlatelolco porque “así fueron las órdenes”, son narrados con detalle y basado en documentos por Juan Veledíaz en Jinetes de Tlatelolco”.

Insertamos el texto  luego de dar lectura a García Barragán y el “crimen de Estado” en Tlatelolco, escrito por José Antonio Aspiros Villagómez.

Nos parece prudente, decente, moral y honesto.

Cuando tuvo lugar hace 50 años lo que Jaime Rochín, directivo de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas, llamó “crimen de Estado” (La Jornada, 25-IX-18), era secretario de la Defensa Nacional el general Marcelino García Barragán, quien gracias a su lealtad institucional mandó muy lejos al embajador de Estados Unidos en México, Fulton Freeman, quien le propuso durante el movimiento estudiantil dar un golpe de Estado contra el presidente Gustavo Díaz Ordaz para “calmar la situación”.

Así lo refiere el periodista Juan Veledíaz Álvarez en su libro  de Ediciones Proceso, 2017, donde describe la trayectoria de ese militar que durante la Revolución Mexicana y todavía después participó al menos en 60 hechos de armas, principalmente contra villistas, delahuertistas y “fanáticos”, como se calificaba a los cristeros.

Menciona también que “el secreto mejor guardado” por García Barragán durante varios años, fue la presencia de francotiradores en Tlatelolco el 2 de octubre de 1968, enviados sin su conocimiento por el jefe del Estado Mayor Presidencial, general Luis Gutiérrez Oropeza, “con órdenes de disparar contra la multitud”.

A medio siglo de aquel cruento episodio cuya herida no ha cerrado, el libro ofrece una versión de los hechos donde las fuerzas armadas son protagonistas y el general García Barragán aparece como personaje central.

Detalla su trayectoria castrense llena de vicisitudes desde que fue villista, cómo logró sus ascensos, sus actividades políticas al lado del general Henríquez Guzmán cuando éste quiso ser presidente de la República, la vigilancia de que fue objeto por parte de Fernando Gutiérrez Barrios, su rehabilitación en el Ejército luego de dos décadas “congelado”, y cómo llegó a ser secretario de la Defensa con Díaz Ordaz.

Menciona así mismo la forma en que fue desbaratado el henriquismo donde militaba García Barragán y cuyos miembros más radicales estaban dispuestos a levantarse en armas, pero su caudillo se deslindó del movimiento y los demás fueron “desactivados” con el ofrecimiento de cargos en el gobierno.

En el libro, de 222 páginas, se reproducen en versión facsimilar dos reportes de la Dirección Federal de Seguridad sobre los preparativos para ese levantamiento en 1953, y un informe de la Sección Segunda de Inteligencia del Estado Mayor de la Sedena, acerca de la existencia de una célula trostkista dentro del Ejército en 1966. Y explica que las fuerzas armadas tenían un plan de acción, por si surgían agitadores en el desfile obrero del 1 de mayo de 1967.

El autor de esta obra editorial trabajó por más de dos lustros en sus investigaciones, de las cuales surgieron datos de la vida personal del general que formó cuatro familias, sobre su hijo Javier García Paniagua quien tuvo gran poder dentro del gobierno, y sobre otros episodios del Ejército, como cuando en el gobierno de Miguel Alemán los militares mexicanos se opusieron al plan estadunidense de instalar bases militares en Cozumel y La Paz, y cuando rechazaron integrarse a un cuerpo multinacional armado para frenar intervenciones “comunistas” en América.

Para escribir este trabajo, Veledíaz recurrió a los expedientes que tienen el Archivo General de la Nación y las secretarías de Gobernación, Relaciones Exteriores y Defensa Nacional, a los testimonios de la familia de García Barragán y a otras personas que aportaron datos verificables, además de sus charlas con su jefe Julio Scherer García.

Varias fotografías ilustran la obra, entre ellas la de una escena que también está en la portada con García Barragán al frente del desfile militar del 16 de septiembre de 1964, en el último año del gobierno de Adolfo López Mateos cuando él ya sabía que en el siguiente sexenio iba a ser “el último militar con experiencia de combate en la Revolución”, en desempeñarse como secretario de la Defensa Nacional.

El papel de Marcelino García Barragán en los sucesos de 1968, y en especial del 2 de octubre cuando pidió al Batallón Olimpia capturar “sin muertos ni heridos” a los líderes del movimiento estudiantil, sus diferencias con el jefe del Estado Mayor Presidencial y la explicación que éste le dio sobre los disparos en Tlatelolco porque “así fueron las órdenes”, son narrados con detalle y basado en documentos por Juan Veledíaz en Jinetes de Tlatelolco.

Honor a quien honor merece, con rectitud se dice.

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