Familia, lugar de perdón

En las nubes

Carlos Ravelo Galindo, afirma: Esta es la breve y profunda homilía sobre la familia que  fue leída ayer en el retiro por el Papa Francisco, independiente de la religión. Y que David Ravelo Izquierdo, quien la envió, denomina “Familia, Lugar de perdón”.

Expresó el Santo Padre Francisco: “No hay familia perfecta.                                                                       

No tenemos padres perfectos, no somos perfectos, no nos casamos con una persona perfecta ni tenemos hijos perfectos. Tenemos quejas de los demás. Decepcionamos unos a otros. Por eso, no hay matrimonio sano ni familia sana sin el ejercicio del perdón.

El perdón es vital para nuestra salud emocional y la supervivencia espiritual.                                                                                    

Sin perdón la familia se convierte en una arena de conflictos y un reducto de penas.
Sin perdón la familia se enferma. El perdón es la asepsia del alma, la limpieza de la mente y la alforria del corazón.                      

Quien no perdona no tiene paz en el alma ni comunión con Dios.                                                                                                                     

La pena es un veneno que intoxica y mata. Guardar el dolor en el corazón es un gesto autodestructivo. Es autofagia.                                                                 

El que no perdona se enferma física, emocional y espiritualmente.*
Y por eso la familia necesita ser lugar de vida y no de muerte. El territorio de cura y no de enfermedad.  El escenario de perdón y no la culpa.                                                                                                                

El perdón trae alegría donde la pena produjo tristeza. En la que el dolor causó la enfermedad”: Papa Francisco”.

Y enseguida un poema de Gustavo Adolfo Bécquer, español, 1836-1870, joven fallecido, a los casi cuarenta años. Recordamos con entusiasmo su "Volverán las oscuras golondrinas":

“Volverán las oscuras golondrinas  en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales, jugando llamarán; pero aquellas que el vuelo refrenaban  tu hermosura y mi dicha al contemplar; aquellas que aprendieron nuestros nombres, esas... ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas  de tu jardín las tapias a escalar, y otra vez a la tarde, aún más hermosas,  sus flores abrirán; pero aquellas cuajadas de rocío,  cuyas gotas mirábamos temblar y caer, como lágrimas del día... esas... ¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos las palabras ardientes a sonar;  tu corazón, de su profundo sueño  tal vez despertará; pero mudo y absorto y de rodillas como se adora a Dios ante su altar, como yo te he querido... desengáñate,  ¡así no te querrán! “

Ciertamente en este  hermoso poema  están presentes todas las características del romanticismo.

El enamorado recurre con desesperación, celos, tristeza y angustia al recuerdo del amor perdido. Nada en el mundo es suficiente para describir su desolación.

"Las golondrinas, las madreselvas", las ardientes palabras de amor, todas pueden renacer, excepto el amor perdido y la fatalidad que hará imposible el reencuentro.

Al autor solo le quedó el consuelo de estar seguro de que nadie podrá amarla como él ha sido capaz. 

Intentaremos encontrar otros de él. Y disfrutarlo como esta tan breve y tan hermosa poesía.

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