Esos griegos (2 y fin)

Carlos Ravelo Galindo, afirma: El Olimpo estaba situado en la cumbre más alta del principal macizo montañoso de Grecia, el monte Olimpo, en cuya cima nevada tenían su morada los dioses. La comida y la bebida de los dioses eran la ambrosia y el néctar, respectivamente, con los que se adquiría juventud eterna.                                                                                

Zeus tuvo otros hijos que fueron dioses. Con Deméter a Perséfone, diosa de la fertilidad y esposa de Hades (Proserpina en su versión latina). Con Eurinome, una titanesa, a Las Gracias.    

Con Mnemosine a las nueve musas (Clío musa de la historia, Euterpe musa de la flauta y la música, Talía musa de la comedia, Melpómene musa de la tragedia, Terpsícore musa de la poesía lírica y la danza, Erato musa de la lírica coral, Polimnia musa de la pantomima y la retórica, Urania musa de la astronomía y Calíope musa de la poesía épica).                                                                                                       

Y con Temis a Las Estaciones, diosas de las etapas de la naturaleza.                                     

Zeus también tuvo nietos Cupido en su versión latina y Pan, los semidioses Hércules, Perseo, Dárdano, Minos, Helena de Troya, Castor, Pólux y Clitemnestra. Los héroes nietos de Zeus fueron Eneas y Asclepios (Esculapio en su versión latina).  

En cuanto a poesía épica sus representantes son Homero y Hesíodo. En poesía lírica son Calino, Tirteo, Arquiloco, Mimnervo de Colofón, Melino, Simónides, Safo, Anacreonte y Píndaro. En tragedia son Esquilo, Sófocles y Eurípides; y en comedia Aristófanes y Menandro. En cuanto a prosa, destacan Esopo en la fábula, Herodoto, Tucídides y Jenofonte en la historia; Isócrates, Esquines y Demóstenes en la oratoria, y Platón en la filosofía.                                

La primera manifestación de la literatura griega es la poesía, y su primera forma fueron los poemas épicos. Cuenta la tradición que cuando los helenos no estaban en guerra gozaban escuchar sus propias hazañas transmitidas por los bardos para cantar los combates y aventuras de los héroes.                                                                                              

Así nació el género épico y se supone que Homero fue uno de esos bardos. Nació en el siglo VIII a.C. y sus dos obras maestras son la Ilíada y la Odisea. La primera narra la guerra de Troya y la segunda los últimos cuarenta días del largo retorno del rey Odiseo a Ítaca después de diez años de duro peregrinaje.                                                                 

Son narraciones extraordinarias que obligadamente hay que leer. Las principales obras de Hesíodo son Los Trabajos y los Días en donde habla de las labores del campo y la Teogonía donde describe la genealogía de los dioses.                                                                                        

La poesía lírica la cantaban los griegos al son de la flauta o la lira. Floreció en los siglos VII y VI a.C., pero poco se conserva de sus exponentes.                                                                                                         

El teatro griego es el representante de la poesía dramática. Tiene su origen en el culto a Dionisos, dios de la vegetación y la vendimia. Los coros cantaban las alabanzas del dios en forma violenta (el coro trágico). Tespis introdujo un personaje lo que inicio el diálogo y Esquilo introdujo un segundo personaje con lo que se inició la tragedia.                                                                                                           

Esquilo compuso ochenta tragedias de las que sólo se conservan siete: Los persas, Los siete contra Tebas, Las suplicantes, la Orestiada (que comprende Agamenón, Las coéforas y Las Euménides) y Prometeo encadenado. 

Sófocles obtuvo su primer triunfo sobre Esquilo a los 26 años. Se calcula que escribió 120 obras, pero sólo se conservan siete: Edipo Rey, Edipo en Colono, Antígona, Áyax, Las Traquinias, Electra, y Filoctetes.                               

Las obras más importantes de Eurípides son Alcestis, Medea, Los Heráclidas, Hipólito, Andrómaca, Hécuba, Las suplicantes, Electra, Heracles furioso, Las troyanas, Ifigenia entre los Tauros, Helena, Las fenicias, Orestes, Las bacantes, Ifigenia en Áulide y El ciclope.                                                                                                 

La comedia tenía variantes con respecto a la tragedia: un coro más extenso, actores con trajes vistosos y cuerpos deformados, así como adornos extraños.                                                                            

Aristófanes fue el máximo representante; escribió cuarenta comedias entre las que destacan Los acarnienses, Los caballeros, Las nubes, Las avispas, Las aves, La paz, Lisístrata, Las tesmoforiantes, Las ranas, Las asambleístas y Pluto. Menandro modifica y organiza mejor la comedia pintando con más fidelidad las costumbres de sus contemporáneos.                                                                                      

En la fábula destaca Esopo, quien pone en acción a los animales haciéndolos hablar como hombres e inserta una moraleja muy clara y directa.                                                                                                                  

La historia fue cultivada con maestría por los griegos. En este campo descuellan Herodoto, Tucidides y Jenofonte. Llamado el padre de la historia, Herodoto cuenta las guerras de los griegos contra los bárbaros, las llamadas guerras médicas y la victoria definitiva de los helenos. Su historia está dividida en nueve libros, cada uno con el nombre de una musa.                                            

Tucidides fue estratega y su obra estuvo relacionada con los filósofos y se distingue porque analiza las causas y no sólo los hechos; su libro La Guerra del Peloponeso abarca los hechos comprendido entre 431 y 411.                                                                                    

Jenofonte, al que no le interesan las causas sino sólo narrar los hechos, escribió La anábasis, Las helénicas, Las memorables y La ciropedia.                                                                                                          

En la oratoria se observan tres vías: la política que se ejercitaba en la asamblea del pueblo, la jurídica utilizada en los tribunales cuando los individuos defendían su propia causa y la oratoria de aparato que se manifestaba en asambleas solemnes.                                     

Entre los retóricos destacó Gorgias. Los más notables entre los logrófagos fueron Lisias, del que se conservan 31 discursos sumamente elegantes, e Isócrates con el Panegírico de Atenea en el que trabajó durante diez años.                                                                       

Demóstenes descolló con discursos brillantes para defender sus bienes heredados que sus tutores robaron, en tanto que Esquines sobresalió con su Discurso por la Corona.                                                         

En filosofía sin duda sobresalió el divino Platón con sus múltiples obras escritas en forma de diálogo tales como la Apología de Sócrates, Hipias menor, Sobre la Mentira, Sobre la Amistad, Sobre el Amor, y Sobre la Justicia en donde resalta La República.                                  

Quisimos don Fernando Calderón Ramírez de Aguilar y quien escribe ser explícitos, aun cuando breves,  sobre los griegos. Pero coincidimos, afirmamos, en  que todas las áreas del conocimiento que los griegos cultivaron, fincaron sus bases con tal firmeza, que siguen paradigmas indiscutibles.

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