Legisladores, a representar

Por Ángel Álvaro Peña

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Alma Grande

La conformación real del Poder Legislativo en las nuevas legislaturas convirtió el centro de debates en un debate mismo. Donde deben confrontarse ideas se intercambiaron calificativos que llegaron al insulto, y el respeto se volvió una regla sin uso.

Hubo quienes quisieron imponer una especie de ley de la selva, donde el que grita más fuerte es que le gana la pelea, pero el recinto del Congreso ha dejado de ser una arena de luchas desde hace más de 100 años, cuando no había diputado sin pistola ni senador sin matones al lado.

Claro, después el diputado cambió su pistola por el celular, y a los matones por guaruras. En eso parece que estriba la modernidad en los recintos legislativos, porque no hubo diferencia en las Cámaras en las legislaturas que comenzaron con el mes de septiembre, donde la mayoría hizo gala del número de legisladores y aplastó, en más de un sentido, a una oposición, que cada día tiene menos curules, porque sigue el éxodo hacia Morena.

A pesar de que en estas legislaturas hay mucha experiencia digna de homenaje como la de Porfirio Muñoz Ledo, quien a sus 85 años, dio cátedra y la seguirá dando a improvisados representantes del pueblo como Gerardo Fernández Noroña, quien antepone el protagonismo a la razón, y el histrionismo al sentido común. Acostumbrado a la disidencia ahora se autodenomina contrario a quien defendió, sin que haya ejercicio de poder aún como para nombrarse disidente.

También hay quienes aprenden sobre la marcha y esa marcha se vuelve rutina y al mismo tiempo, escuela, como el caso de Manuel Velasco, quien fuera diputado local, luego diputado federal, después senador por Chiapas, después gobernador, después senador por unas horas, luego volvería a ser gobernador, por unos días y finalmente será senador hasta el año 2024.

La licencia para Manuel Velasco para regresar a la gubernatura hasta el 18 de diciembre, fecha en la que volverá a ser senador, fue promovida por Ricardo Monreal, en coordinador de los senadores de Morena. También Miguel Ángel Osorio Chong estuvo de acuerdo: “Los senadores en lo particular, senadoras, de poder pedir licencia, esto está consignado en la Constitución. Así que yo creo que tenemos que autorizarle esta licencia al senador Manuel Velasco. Ese es mi punto de vista particular”, dijo el ex secretario de Gobernación.

Entre los nuevos acomodos, hay cambios de estafeta y de actitud, hasta de imagen, desde luego.

Cinco diputados del Partido Verde Ecologista de México se pasaron a la bancada del Morena, con lo que esa fuerza política alcanzó la mayoría absoluta en ese órgano legislativo, al pasar de 247 a 252 diputados federales.

El cambio de partido ocurrió después de que el pleno del Senado de la República aprobara la solicitud de licencia de Manuel Velasco Coello, en medio de un intenso debate en esa cámara alta por la presentación de un tema tratado al inicio de esa sesión y que originalmente había sido rechazado.

Es decir, los legisladores usan los métodos novedosos aunque dentro del órgano interno que los rige; sin embargo, no deja de ser una novedad que haya una dinámica muy diferente a los inicios de legislaturas anteriores.

Los acomodos se combinan con los propósitos y las propuestas se convierten en iniciativas, en un proceso legislativo que anuncia convertirse en uno de los más dinámicos de los últimos tiempos, a pesar de que no contarán con los recursos que estaban acostumbrados los presuntos representantes de la población.

El pleno del Senado de la República aprobó por unanimidad reducir su gasto anual de operación en un 30 por ciento, mediante el acuerdo de austeridad de la Junta de Coordinación Política, impulsado por la bancada de Morena.

Existe un compromiso desde el poder que otorga el pueblo, y la prioridad es servir. Los legisladores, sin importar partidos, son instrumentos de bienestar social y no herramientas de un grupo reducido de personas.

Una actividad que deben mantener viva y que olvidaron sus antecesores es la de visitar, pero sobre todo escuchar a sus representados, sin importar el partido al que pertenezcan. La democracia representativa suele tener puentes muy frágiles y a veces inexistentes entre el representante, sea presidente municipal, diputado local, federal o senador y la gente a la que dice representar en la función pública. Esto debe dejar de suceder, es un vicio que corría el riesgo de convertirse en costumbre y que todos los mexicanos esperan que desaparezca para aprovechar este júbilo y energía en un bienestar popular, de otra manera el capital político de los triunfadores irá reduciéndose de manera paulatina pero contundente.

Los legisladores son los principales responsables de la esperanza de los mexicanos de los próximos años. Tienen una responsabilidad adicional, comparada con la actividad legislativa de años anteriores.

Representar y legislar deben ser dos actividades con un mismo objetivo. En los últimos años se legislaba sin representantes reales, ese júbilo, ese coraje, esa rabia mostrados debe ser canalizada hacia las funciones originales de los representantes populares.

La pasión por la política no justifica la agresión, menos aún las faltas de respeto a quienes son historia en un país que intenta recuperar su historia. Lo nuevo no puede borrar lo que ha dado vida al país, y el epicentro de las leyes tiene cada día una responsabilidad adicional, las sumas y las restas de los partidos se convierten en simples anécdotas ante la responsabilidad de transformar, que a veces es una batalla y otras un privilegio. Es a partir de que cada legislador cobre conciencia de su quehacer cuando el país empezará a cambiar.

PEGA Y CORRE.- La guerra sucia tiene trincheras y escondites. Aunque disimulada y cobardemente negada públicamente, la postura de Miguel Ángel Mancera quiere aumentar sus programas frustrados siendo el capitán de una oposición del próximo régimen. Se declara enemigo de todo lo que huela a Morena, vigila cada paso, analiza cada palabra, reflexiona sobre toda disposición, cuestiona toda victoria ajena. Ahora anuncia que hereda a la administración de Claudia Sheinbaum  una ciudad “con niveles de seguridad aceptables”. ¿Desde cuándo la seguridad es aceptable?..