El PRI se reinventa

Por Ángel Álvaro Peña

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El PRI renueva presidencia de su Comité Ejecutivo Nacional, y coloca al ex gobernador de Guerrero, René Juárez Cisneros como el encargado de llevar adelante la candidatura de su abanderado José Antonio Meade.

Sin duda la intención es unir al PRI que quedó afuera de las decisiones en los últimos años. Difícil tarea para Juárez Cisneros, quien seguramente hará todo lo posible para darle a Meade Kuribreña una campaña sólida que le permita subir en el porcentaje de preferencias electorales.

Lo cierto es que las encuestas miden el estado de ánimo de un momento de la población y el voto representa la posición que cada elector tiene respecto a la realidad del país. Es decir, su percepción de la realidad se convierte en una forma de expresión a la hora emitir su voto.

Ejercer el derecho al sufragio nunca había sido tan complicado, ahora, como nunca hay un número mayor de indecisos que si todos votaran por cualquier candidato, por débil que parezca, lo haría ganar, o por lo menos acercarse al puntero.

Las actuales elecciones tienen características propias que antes no se habían presentado en el país. El enfrentamiento por la Presidencia de la República de tres frentes, conformados cada uno por tres partidos, que bien podrían llamarse 3 de 3, es en realidad, una novedad.

La incorporación de los candidatos independientes a la contienda electoral es otra de las condiciones inéditas, en las campañas, a las que deberemos acostumbrarnos, por muy lejos que se encuentren del triunfo electoral.

Aunque deberían tener un límite de porcentaje en la votación para reconsiderar la existencia de esta figura política en busca de puestos de elección popular. El auge de los independientes ocurrió en la figura de Jaime Rodríguez Calderón, llamado también El Bronco, cuando ganó la gubernatura de Nuevo león, pero ahora como candidato independiente a la Presidencia de la República se ve como un extraño personaje con nostalgia por la barbarie.

No cabe duda de que el PRI renovará bríos. Pero sobre todo tendrá a quién responsabilizar de una campaña que no era lo que se esperaba; sin embargo, las renovaciones corren contrarreloj porque a 56 días de la contienda electoral, se realizó un relanzamiento de la campaña de José Antonio Meade Kuribreña hacia la Presidencia de la República.

Desde el domingo 6 de mayo todo quedó preparado para reactivar la campaña del candidato del partido en el poder que requiere de mayor consistencia por el lado del partido que lo postula, pero también más atención de parte de la población que lo debe estudiar.

Un partido en el poder en elecciones no puede estar ubicado en las preferencias electorales previas en un tercer lugar, esto desgasta a la actual administración pública y crea incertidumbre al interior del tricolor, sobre todo tomando en cuenta que el candidato no es priista.

La solidez que requiere la campaña de Meade Kuribreña también surge contracorriente porque al no ser militante del PRI, tienen, dentro de su instituto político algunas críticas que pueden convertirse en voto de castigo.

Y es precisamente el voto de castigo el que debe evitar el PRI, y en este momento su más grande enemigo.

En el PRI deben entender que el enemigo a vencer no es ninguno de los dos candidatos que compiten también por la Presidencia de la República sino el voto de castigo que tiene su origen en una administración pública cuya honradez deja mucho que desear.

El voto de castigo debe ser analizado en las oficinas del PRI y hacer de las causas que lo originan un motivo de fortaleza, para eso está el discurso constructivo y la propuesta seria en todos los conflictos de nuestro país.

El PRI debe dejar atrás la mala fama, pero también deslindarse de la administración pública que deteriora la imagen de los candidatos del tricolor y que puede desgastarlos hasta el último día de campaña. Ese deslinde debió ocurrir desde el principio de la precampaña, pero nunca nadie lo hizo.

Desde el principio se conjuntaron tres factores importantes en la figura de Meade: él mismo, el PRI y el grupo en el poder, del cual formó parte el propio candidato y cuya trayectoria la hilvanaron en los medios como su mejor activo político.

Nunca dudaron en endilgarle el nombre del candidato mejor preparado, y lo querían comprobar con el hecho de que provenía de la Secretaría de Hacienda de la actual administración. Esa asociación, ese cordón umbilical fue el lastre más grande en la campaña de Meade y del que deberá deshacerse cuanto antes. Todavía está a tiempo.

René Juárez Cisneros sabe de esto y de mucho más a la hora de hacer de ese relanzamiento de la campaña de Meade una segunda oportunidad que seguramente se verá reflejada en la actividad y en el discurso del candidato que a pesar de la necesidad de renovación total de su equipo de campaña, decidió que permanecieran Aurelio Nuño, ex jefe de la Oficina de la Presidencia de la República; y Eruviel Ávila, sucesor de Enrique Peña Nieto en la gubernatura del Estado de México.

La visión de un hombre con trayectoria limpia en su carrera política, postulado por un partido político con trayectoria no muy limpia, debe desaparecer. La unificación de partido y candidato debe darse de inmediato y para ello deberá deslindarse en el discurso el propio candidato o bien inscribirse, de inmediato en el PRI como militante para que juntos, candidato y partido, renueven la imagen de una campaña que camina rumbo al triunfo electoral. De otra manera, no siendo ni de aquí ni de allá, se transmite incertidumbre y crea un mayor número de votantes indecisos.

El partido en el poder debe tener una campaña sólida, con un candidato fuerte y una propuesta que logre borrar el pasado negativo y se pondere lo positivo, que no es poco. 

PEGA Y CORRE. - Se esté a favor o no de sus posturas y se apoye o rechace su candidatura, Margarita Zavala, afirmó algo muy cierto: “La corrupción en Veracruz no se acabó solo con la captura del ex gobernador Javier Duarte, su erradicación debe venir desde el ámbito federal”. Todavía hay mucho por hacer.