El PRI, franquicia para unos cuantos en Veracruz

Por: Ángel Álvaro Peña
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Alma Grande

En Veracruz el PRI tiene todo dispuesto para que gane Morena. También contribuye, de manera invaluable al triunfo del candidato del Frente, que, a pesar de montarse en un esquema de monarquía, quiere entrar a la democracia con calzador.

A pesar de que hay un precandidato idóneo en el PRI, es el partido el que le pone un ancla y no le permite ni siquiera zarpar a Pepe Yunes, quien debe quitarse el lastre de las herencias que tanto daño le han hecho a Veracruz y al país.

Desde hace muchos años el PRI en la entidad ha sido controlado por el mismo grupo. En nombre de la juventud de ese tiempo tomaron casi por asalto al partido estatal y ahora, en plena senectud siguen al frente en nombre de un cambio que nunca llega y un triunfo que se les niega.

No se trata de un PRI de jóvenes o de viejos, modernos o caducos, se trata de la urgente necesidad de cambiar cuadros en la cúpula de un partido que lleva varias derrotas en la entidad, no sólo electoralmente sino en sus postulados, estrategias, posturas que lo han llevado irremediablemente al aislamiento.

Así, como el PRI nacional, desde su cúpula hasta su militancia se volcó en favor de José Antonio Meade, y cada uno de los miembros de ese partido se formaron en la institucionalidad, para llevar a buen término la candidatura del ex secretario de Hacienda, también el PRI estatal de Veracruz debe hacer conciencia de la trascendencia de esta elección.

Al parecer no la hay, porque se ponderan los intereses personales de un grupo de viejos militantes ante la necesidad de triunfar en las urnas. Ya perdieron una elección, donde la alianza PAN-PRD ganó y ahora gobierna.

A pesar de que Américo Zúñiga Martínez, presidente del CDE del PRI, es joven, mantiene estrechos puentes de comunicación con el precandidato a la gubernatura, los viejos vicios prevalecen al abrir espacios a quienes siempre han controlado el tricolor en Veracruz.

Hace días el líder estatal del PRI nombró a los mismos de siempre, a quienes le han hecho daño al partido, al candidato y al Estado.

Gonzalo Morgado Huesca fue nombrado Coordinador de Delegados, y Carlos Brito Gómez, es el actual presidente de la Comisión de Procesos Internos.

Brito Gómez, fue asesor político de Javier Duarte de Ochoa cuando este gobernaba Veracruz. Gonzalo Morgado Huesca, es identificado como cómplice de ese ex gobernador encarcelado.

La experiencia que pudieron aportar se repite en una rutina que se convierte en un círculo vicioso, arrojando sólo desprestigio y derrotas electorales. Es el momento en que hay que unirse y trabajar para recuperar los espacios que han perdido.

El compromiso con el partido ha quedado atrás, a pesar de que la muestra la ha puesto el PRI nacional poniendo a disposición del equipo de campaña de José Antonio Meade Kuribreña todo lo necesario para alcanzar un triunfo electoral; sin embargo, en Veracruz, el PRI estatal sólo coloca obstáculos en el camino para que Pepe Yunes Zorrilla llegue.

Es tiempo de que el propio precandidato conforme su equipo para arrancar la campaña en busca de la recuperación de la gubernatura. Pepe Yunes Zorrilla no puede quedarse cruzado de brazos viendo cómo su partido le niega el triunfo luego de años de trabajo para alcanzar esta tan preciada candidatura.

El trabajo de Pepe Yunes en el Estado, de años de esfuerzos y gestiones sin precedente no puede echarse por la borda ante un PRI estatal que se ha enquistado repitiendo prácticas que no caben en este momento ni son herramientas que puedan contribuir a una competencia sana por la gubernatura.

La cúpula del PRI en Veracruz se convierte en el mejor aliado de sus contrincantes, porque no permiten que el precandidato conforme un equipo propio, que pueda llevarlo al lugar por el que ha luchado por mucho tiempo.

Los dirigentes priistas de Veracruz prefieren una derrota electoral a perder sus privilegios como parte de una estructura que impide el triunfo como lo demostró hace casi dos años.

De no tomar la batuta del partido, el precandidato priista puede no sólo perder la elección sino el respeto de la población que ha obtenido a lo largo de muchos años de militancia. También una honradez que viene desde su padre que es respetado por los veracruzanos como pocos personajes en la entidad.

Porque el PRI estatal no ha sido capaz de llamar la atención del precandidato sobre las personas que solícitas se le acercan para pedir, a veces exigir, un lugar en la estructura de su gobierno en caso de ganar.

Se acercan peligrosamente a Pepe Yunes desde cómplices de Javier Duarte hasta individuos asociados con el crimen organizado, que deberían estar lejos de Yunes Zorrilla; sin embargo, el PRI estatal se queda pasivo, viendo cómo se infiltran intereses en una campaña que puede definirse como una de las más limpias en la historia de Veracruz.

El precandidato priista conoce todos los rincones del Estado, sabe de la problemática de su gente. No puede permitir que en la sede de su partido se continúe con la inercia que conduce a una derrota segura; si lo que quieren es conservar su salario, que se los lleven a su casa pero que no hagan más daño. Es necesario remontar una realidad electoral que no es fácil de dominar.

Los actuales dirigentes del PRI en Veracruz anuncian una derrota que el precandidato no se merece. De seguir así la situación del PRI en la entidad puede llamarse como una novela de García Márquez, “Crónica de una muerte anunciada”. 

PEGA y CORRE. - La agresión contra los comunicadores en Veracruz continúa de manera prácticamente cotidiana y basta una pregunta incómoda para que el funcionario público entrevistado insulte y descalifique el trabajo de quienes ya han padecido muchas agresiones en la entidad. Cuando al diputado y ex alcalde de Coyutla, Basilio Picazo Pérez se le cuestionó sobre los hechos en la administración del municipio, donde gasta fondos públicos para actividades personales, le dijo a la periodista: "hablas puras tonterías" y "no preguntes estupideces". No cabe duda de que después de la agresión verbal viene la violencia física y a veces con consecuencias fatales.